Los polacos no salen de su asombro. En menos de dos años, tres detenidos por el secuestro y asesinato en el 2000 de Krzysztof Olewnik, hijo de un hombre de negocios, se han suicidado en sus celdas de alta seguridad. El último ha sido Robert Pazik, encontrado ahorcado en su celda de Plock, al este de Polonia, el pasado lunes.
Un primer detenido se quitó la vida en su celda en el 2007, y el segundo, el año pasado. Los tres suicidas, condenados a cadena perpetua, estaban vigilados con cámaras las 24 horas del día, lo que ha levantado todo tipo de sospechas sobre el funcionamiento de la administración penitenciaria polaca.
El martes, el ministro de Justicia, Zbigniew Cwiakalski, presentó su dimisión ante el primer ministro, Donald Tusk. También dimitieron un alto cargo del departamento de Justicia y el director de la prisión.
Diez personas fueron detenidas y condenadas por la muerte de Krzysztof Olewnik, que tenía 25 años. Casi dos años después de desaparecer la víctima, en julio del 2003, la familia entregó a los secuestradores 300.000 euros a cambio de su libertad. Pero el joven no fue liberado, sino asesinado por sus captores después de haber sido salvajemente torturado. Su cuerpo fue encontrado por la policía polaca casi cinco años después del secuestro, en el 2005.
Suicidios en celdas
El caso desató una gran indignación en todo el país y puso al descubierto la escasa eficacia de la policía y la justicia. La familia de la víctima acusó a jueces y policías de no haber investigado por presiones políticas, aunque no lo pudo demostrar. Pero en el 2007 se abrió una investigación judicial para determinar la existencia de posibles irregularidades.
La tesis del suicido de tres de los detenidos no se la cree casi nadie en Polonia. Según el abogado de la familia de la víctima, Bogdan Borkowski, hay que «determinar si nos encontramos ante un caso de suicidio o, como piensa el padre de la víctima, si alguien quiere a toda costa que no se sepa la verdad».
Sospechas compartidas por la mayoría de los polacos, que están convencidos de que detrás de estos misteriosos suicidios podría estar alguna de las poderosas mafias del país.
El propio presidente de Polonia, Lech Kaczynski, lo tiene muy claro: «No me puedo creer que esto sea un tercer suicidio, es un escándalo de naturaleza inédita».
Zbigniew Ziobro, ministro de Justicia en la época en que gobernaba el hermano gemelo del presidente, Jaroslaw Kaczynski, que tuvo que dimitir por un escándalo relacionado con la corrupción, considera que es «un tercer suicidio en un asunto excepcional que atrae la atención de todos los polacos y desata sospechas sobre el comportamiento de los políticos y la mafia».
Comisión parlamentaria
A petición de la oposición, el Parlamento creó ayer una comisión de investigación sobre la muerte de Krzysztof Olewnik y los tres detenidos que se suicidaron, y el Gobierno de Tusk se mostró dispuesto a esclarecer el caso hasta las últimas consecuencias.