El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, y sus interlocutores en Moscú, el presidente Dmitri Medvédev, y el primer ministro, Vladimir Putin, constataron ayer que Rusia y Europa se necesitan mutuamente y urge normalizar las relaciones. Sin embargo, hay aspectos en los que se mantienen distantes.
Uno es el que atañe a los derechos humanos, uno de los asuntos que la parte europea puso sobre la mesa. Putin dio la vuelta a las críticas de Barroso acusando a la UE de conculcar también derechos fundamentales. «Tampoco estamos muy satisfechos de la forma con la que se están resolviendo los problemas de la minoría rusoparlante en las repúblicas bálticas, estamos al corriente de cómo se violan los derechos de los inmigrantes en los países europeos y sabemos en qué situación se encuentran los sistemas penitenciarios de determinados Estados de la UE», replicó Putin a Barroso durante la rueda de prensa. Putin admitió que Rusia «padece esos mismos problemas», pero advirtió que cualquier discusión al respecto «hay que abordarla en su conjunto, agrupando la problemática existente en nuestro país y en Europa a fin de hallar una solución global».
Barroso, que expresó su inquietud por el reciente doble asesinato en Moscú de una periodista y un abogado, se quedó visiblemente sorprendido al ver equiparada la situación de derechos humanos que se da en Rusia con la de la UE.
El presidente de la CE y los comisarios fueron antes recibidos por Medvédev, reunión en la que la cuestión central fue cómo evitar que se repita una crisis energética como la reciente. Y aquí tampoco hubo unanimidad. El Kremlin pretende que Gazprom tenga acceso a los activos de las compañías europeas. Para ello, Bruselas exige que Rusia ratifique antes la Carta Energética, acuerdo que obliga a liberalizar el mercado de los hidrocarburos y hacerlo más transparente.