Sarkozy y Barroso se divorcian

Juan Oliver

INTERNACIONAL

Después de varios meses de idilio político, el líder galo y el presidente de la Comisión Europea se enfrentan por la sucesión del segundo al frente del Ejecutivo comunitario

21 mar 2009 . Actualizado a las 02:42 h.

La luna de miel se ha terminado. El idilio político que mantuvieron durante seis meses el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha llegado a su fin. Durante las treinta semanas y media que duró la Presidencia gala, ambos fueron la imagen de unidad de la lucha de la UE contra la recesión, en una suerte de romance público de altos vuelos que los hacía aparecer, juntos y sonrientes, un día sí y otro también, en las portadas de la prensa salmón. Pero la crisis económica ha derivado en crisis de pareja, y el divorcio parece inminente.

El apuesto jefe de Estado galo y el influyente estadista portugués han dado comienzo a una sorda batalla por el liderazgo de la Comisión que estalló en la cumbre de líderes que los Veintisiete celebraron el jueves y el viernes pasado en Bruselas. Barroso quiere conservar su puesto en el próximo mandato, que debería dar comienzo tras las elecciones al Parlamento Europeo de junio. Pero Sarkozy prefiere para el cargo a su actual primer ministro, François Fillon, y ha empezado a maniobrar con artes de alcahueta resabiada.

El caso es que los Veintisiete deberán proponer al Parlamento un candidato a presidente de la Comisión en junio, justo después de que se constituya la nueva Cámara. Y la idea del mandatario francés, probablemente su única oportunidad de lograr su objetivo, consiste en retrasar ese proceso hasta que Irlanda se pronuncie otra vez sobre el Tratado de Lisboa, lo que no sucederá probablemente hasta el otoño.

Ganar tiempo

El francés trata así de ganar el tiempo necesario para convencer a sus colegas de que desplacen a Barroso, que parece ahora la novia engañada a quien todos quieren consolar. Lo hicieron los veintisiete líderes nacionales de la familia política a la que pertenece, el Partido Popular Europeo, favorito en las elecciones y que ayer lo nombró aspirante oficial. Pero también algunos mandatarios socialistas, como el primer ministro británico, Gordon Brown, y el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien lo respaldó expresa y públicamente: «Es un buen presidente», dijo.

En la polémica ha mediado también el presidente del Parlamento europeo, Pöttering, quien, cual asesor conyugal, ha recordado que la ley es la ley: hasta que Lisboa no entre en vigor, el Tratado de Niza es el que rige, y ese texto no contempla la posibilidad de retrasar el nombramiento de presidente.

Nada parece quedar de aquellas tardes de otoño en París en las que Sarkozy y Barroso armaron la estrategia de rescate del sistema financiero, y poco resta de aquellos viajes trasatlánticos compartiendo vuelo para reunirse con Bush. En la política, como en los asuntos del corazón, no hay nada peor que un amante despechado. «Solo es un hombre al que estimo», dijo ayer el presidente galo cuando le preguntaron por su antiguo amor.