La defenestración de Praga

Leoncio González

INTERNACIONAL

26 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La UE bracea en medio de una galerna económica sin precedentes que ha empezado a tumbar gobiernos en el Báltico y el Este y que ha hecho surgir dudas en los mercados sobre la viabilidad de la moneda única. No consigue cerrar el proceso de ratificación del Tratado de Lisboa que debe regular su funcionamiento futuro y sin el cual camina como un tullido, sin instrumentos para proyectar su influencia. Además, se encuentra en vísperas de unas elecciones cruciales para combatir el desinterés de los ciudadanos por la construcción europea. Y debe renovar acto seguido la presidencia de la Comisión.

Como entiende cualquiera con dos dedos de frente, es una agenda tremenda que requiere la mejor disposición por parte de todos los socios y que obliga, especialmente a los que tienen responsabilidades, a orillar conflictos domésticos que añadan más turbulencias a las que ya generan los desencuentros entre Estados. Esta es la razón por la que convertir al Parlamento del propio país en un cadalso para cortar la cabeza al primer ministro que ejerce la presidencia de turno solo tiene dos explicaciones posibles. Quienes lo hacen son unos inconscientes o pretenden desestabilizar aposta la construcción comunitaria. En los dos casos, estamos ante un comportamiento desleal.

Se puede alegar, para minimizar el impacto de lo ocurrido, que para lo que venía haciendo el presidente de turno, tanto da que vague a partir de ahora como alma en pena durante los tres meses que aún le quedan de mandato. No es una lectura descabellada. De la defenestración de Topolanek no se sigue que embarranque la nave comunitaria. En la práctica, los grandes han venido soportando el peso de las decisiones importantes y no van a permitir ahora que la irresponsabilidad checa conduzca a un sitio al que nadie quiere ir.

Bochorno

Con todo, esta seguridad no ahorra el bochorno que se cierne sobre Europa. Tener como jefe visible de la Unión a un político que ha sido censurado por su gente, en su país, crea una situación surrealista que no puede dejar de dañar la credibilidad del proyecto comunitario en su conjunto. Se puede complicar aún más, si como ocurrió ayer en el Parlamento Europeo, instrumentaliza ahora el cargo para vengarse desde él de quienes lo han privado del poder en su país.

Es posible que, con lo que acaba de ocurrir, la UE esté empezando a pagar las consecuencias de un proceso de ampliación hacia el Este demasiado precipitado, en el que se prefirió ocupar cuanto antes los antiguos dominios soviéticos a preservar la cohesión interna. Ello trajo consigo la entrada de países de escasas convicciones europeístas que solo veían en el proyecto de Bruselas los beneficios, olvidándose de las cargas que lleva aparejadas la pertenencia.

Ahora ya es tarde para rectificar. Pero el ejemplo práctico que acaban de dar los parlamentarios checos, mostrando que el daño que causan a la UE sus conductas es lo que menos les preocupa, debería servir de aviso para no cometer el mismo error en el futuro. La conquista de nuevos mercados no puede acometerse pagando un precio político tan elevado.