Socialistas, verdes, izquierda y liberales torpedean las aspiraciones de Durão Barroso de repetir al frente de la Comisión Europea
05 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Es el candidato del partido ganador de las elecciones, lo apoyan todos los Gobiernos de los Veintisiete, y además no tiene rival conocido. Visto así, parecería que el camino de José Manuel Durão Barroso hacia un segundo mandato al frente de la Comisión Europea debería ser cosa hecha. Pero al líder conservador portugués empiezan a salirle espinas en lo que había imaginado como un camino de rosas hacia su reelección.
Barroso solo es el aspirante oficioso, y la Presidencia sueca de la UE anunció la semana pasada que no lo convertirá en oficial porque la nueva Eurocámara, que celebra su primera sesión a mediados de mes en Estrasburgo, no da garantías de que vaya a pasar la investidura. «Algunos grupos dicen que no están totalmente preparados y les gustaría posponer ligeramente la decisión», explicó el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, que recibe mañana a una delegación parlamentaria.
Reinfeldt y el gabinete de Barroso le quitan hierro al asunto y aseguran que la demora, como mínimo hasta otoño, no le resta posibilidades. Pero la verdad es que el candidato está aún muy lejos de convocar los apoyos que necesita: no le bastan los votos del PPE, y socialistas, liberales, verdes e izquierda han advertido de que no le darán su respaldo en julio. Si quisiera, Barroso podría intentar granjearse el apoyo de diputados euroescépticos e incluso antieuropeos, pero parece un error de principiante aliarse precisamente con quienes reniegan de la institución que representa.
Presidencia de la Cámara
El ex primer ministro belga y nuevo líder del Grupo Liberal, Guy Verhofstadt, advirtió la semana pasada que no negociará nada antes de que haya un candidato oficial, y que solo decidirá cuando este haya expuesto su programa y los liberales hayan obtenido algo a cambio de su apoyo, como por ejemplo media legislatura de Presidencia de la Eurocámara para el antecesor de Verhofstadt, el británico Graham Watson. Ese sillón también es una golosina para el líder de los socialistas europeos, el alemán Martin Schultz, quien a pesar de la debacle del SPD en las elecciones, no renuncia a su capacidad de influencia: «Si hay un voto en julio, hemos decidido por unanimidad decir no», aseveró el viernes.
En esa unanimidad, Schultz cuenta con los socialistas españoles, que tienen solo dos eurodiputados menos que los socialdemócratas alemanes a pesar de que el censo electoral germano duplica al español.
En privado, los congresistas del PSOE reconocen que la decisión de Zapatero de apoyar a Barroso antes de las elecciones los ha dejado en una situación algo complicada -«Un respaldo tan contundente nos complica bastante las cosas», advierte un recién elegido-. Pero en público, Juan Fernando López Aguilar asegura que no hay contradicción alguna: se puede votar, pero no ahora, como quieren los Gobiernos, sino más tarde, para dejar claro que el Parlamento es independiente y decide por su cuenta, y porque además el mandato del aún presidente no expira hasta el 31 de octubre. Claro que eso es lo que más teme Barroso: que pasen los meses, que las legislativas alemanas de septiembre y el referendo irlandés de octubre desenfoquen su candidatura, y que su nombre deje de pronunciarse con la misma nitidez que hasta ahora.