Un dirigente en sus horas más bajas

La Voz

INTERNACIONAL

03 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Para el pastún Hamid Karzai, su declaración como presidente electo de Afganistán tiene un sabor amargo tras un proceso electoral plagado de denuncias de fraude y momentos humillantes.

Denostado por muchos como «el alcalde de Kabul», por su limitado control más allá de la capital, ha liderado los destinos de Afganistán desde diciembre del 2001, de manos de las potencias occidentales. Terminó ganándose el respeto de su pueblo, que le ofreció la victoria como presidente en las elecciones del 2004, con un 55,4% de los votos. Pero, desde entonces, Afganistán ha sufrido un agravamiento de la seguridad, con los talibanes presentes en muchas de sus provincias y la población víctima tanto de sus ataques como de bombardeos de las tropas internacionales. Un impotente Karzai se ha desgañitado pidiendo a las fuerzas extranjeras que eviten las bajas civiles e intentado, sin éxito, atraerse a los talibanes más moderados con secretos intentos de negociación.

Corrupción

Sus críticos le reprochan la corrupción rampante en un país que recibe ayudas millonarias y sigue siendo de los más pobres (12 de sus 30 millones de habitantes viven por debajo del nivel de pobreza, según datos oficiales) y sus alianzas políticas con señores de la guerra, como el uzbeko Rashid Dostum.

Aunque gozó del favor de la Administración Bush, la que encabeza Barack Obama ha sido mucho más crítica a la hora de ofrecerle apoyo. El 20 de agosto fue a las urnas proponiéndose como «padre de la nación». Las presiones -Estados Unidos condicionó el envío de más tropas a que hubiera un Gobierno legítimo- lo forzaron a reconocer el fraude y reducir su victoria al 49,67% de los votos, un porcentaje que lo convirtió ayer en «presidente electo» del país.