El belga Van Rompuy y el holandés Balkenende desbancan a Blair como favorito en las apuestas por la presidencia permanente de la Unión Europea
07 nov 2009 . Actualizado a las 23:01 h.Si a usted le gusta el riesgo y le sobra el dinero, puede jugárselo a la quiniela europea. No es broma, porque ya hay casas de apuestas que admiten envites sobre quién será el nuevo presidente permanente el Consejo y el próximo alto representante de la UE. Y todas pagan bien. Claro que, teniendo en cuenta la experiencia de procesos similares, jugar a la lotería con los Veintisiete parece una imprudencia.
Los líderes europeos resolverán el misterio de los nuevos puestos que creará el Tratado de Lisboa en una cumbre extraordinaria que se celebrará la próxima semana, probablemente el domingo. La presidencia sueca de turno de la UE anunció ayer que ya ha abierto negociaciones formales y, aunque hay quien se ha jugado el dinero al candidato ganador, hay muchas probabilidades de que los elegidos no lleven finalmente el apellido de ninguna de la veintena de personalidades que han aparecido hasta hoy.
Perfil bajo
Ahora mismo, en las apuestas triunfan el primer ministro belga, Herman van Rompuy, y su homólogo holandés, Jan Peter Balkenende. Ambos responden a ese perfil bajo opuesto al de estrella política que representaba el británico Tony Blair, pero también tienen algunos puntos flacos que podrían dar al traste con sus aspiraciones.
Van Rompuy lidera en Bélgica un Gobierno multicolor que selló temporalmente la grieta que lleva años dividiendo al país entre flamencos y valones, y está recibiendo muchas presiones para no dejar su despacho, situado a menos de un cuarto de hora andando de la sede del Consejo. Algunos temen que, si Van Rompuy cambia de oficina, los belgas sean incapaces de encontrar un nuevo inquilino para su Moncloa antes del 1 de julio del 2010, cuando les toca ocupar la presidencia de turno.
Peligro
En cuanto a Balkenende, su mayor problema es que empezó a postularse demasiado pronto. «Los nombres de la primera oleada no suelen estar en la última», advirtió el pasado viernes el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Tiene gracia, porque él fue uno de los primeros en apoyar a Tony Blair. Ahora se ha comprometido a pactar con Alemania un candidato conjunto que probablemente no será el ex primer ministro británico.
De momento, España no se la ha jugado por nadie, al menos en público y a pesar de que fuentes próximas al Gobierno reconocen que a Rodríguez Zapatero no le conviene demasiado un presidente mediático. Le quitaría protagonismo en las fotos del mandato semestral español, de ahí que, según explican, haya preferido no apoyar al ex premier laborista para la presidencia, y facilitar que la cuota socialista la cubra un afín como alto representante.
Porque quien elige a los nuevos cargos es el Consejo, y aunque lo lógico es que los gobiernos diriman sus apoyos teniendo en cuenta sus intereses nacionales, y no los de sus respectivas familias políticas, es evidente que el visto bueno de la parentela ayuda mucho (que se lo digan, si no, a Blair).
Negociaciones
«Sarkozy y Merkel tienen la experiencia de lo que pasó hace cinco años con la elección del Presidente de la Comisión, cuando el candidato que habían pactado Chirac y Schröder, Guy Verhofstadt, no convenció», recuerda el también eurodiputado y secretario general del PP Europeo, Antonio López-Istúriz. Lleva las negociaciones con los socialistas, y, si tiene que apostar, prefiere no enseñar todas las cartas. «Balkenende y Van Rompuy son muy buenos candidatos», dice.
Del otro lado, el europarlamentario socialista Ramón Jáuregui defiende al canciller británico, David Miliband, para el sillón de alto representante, aunque tampoco se atreve a hacer apuestas en un juego en el que, tal y como él lo describe, nadie deja nada al azar: «Va a haber sorpresas. Alguien se está guardando un as de tréboles en la manga».