La capital alemana es un hervidero de actos simbólicos que tendrán su culmen mañana, cuando se cumplen veinte años de la caída del telón de acero
08 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.No es el Muro, pero como si lo fuera. Cuando el ex presidente polaco Lech Walesa dé mañana un empujón a una de las fichas de dominó que estos días hacen las veces de Muro, entre la Puerta de Brandemburgo y el Potsdamer Platz, estará reviviendo la caída del telón de acero hace ahora 20 años. Será una de las múltiples personalidades que conmemoren el fin de la guerra fría, en su símbolo de hormigón, el Muro que separó a los alemanes durante casi tres decenios y que costó la vida a más de un centenar.
No en vano, Hungría fue uno de los primeros países que escucharon el mensaje de reformas que llegaban de la Unión Soviética, y que abrió sus fronteras. Miles de alemanes del Este aprovecharon esa primera grieta, en mayo de 1989, y cruzaron a Occidente. En la Alemania del Este mientras tanto se cocía la llamada Revolución Pacífica. En Dresde, Leipzig y en Berlín salían a manifestarse centenares de personas en demanda de mayor apertura política y sobre todo de libertades para viajar.
El Muro, que tantos nombres recibió -valla de contención antifascista para unos y muro de la vergüenza para otros-, rodeaba a lo largo de 160 kilómetros el sector occidental, que quedó encerrado cual isla en el corazón de la Alemania Oriental. Nada que ver con el kilómetro y medio de piezas de porexpán, que desde ayer pueden verse en Berlín, y que recorren el trazado del Muro. Un símbolo transitorio que caerá mañana, bajo la mirada de la canciller Angela Merkel, el francés Nicolás Sarkozy, el británico Gordon Brown, el ruso Dimitri Medvédev y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. Tendrán la palabra frente a la Puerta de Brandemburgo, el símbolo del Berlín dividido. También el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, asistirá a los actos después de participar por la mañana en la cumbre hispanopolaca. El gran ausente será Helmut Kohl, el canciller que promovió la reunificación, debido a su delicado estado de salud.
Apenas queda hoy huella visible del Muro en la ciudad que se repartieron los ganadores de la Segunda Guerra Mundial: la barrera física, que en 1961 decidió levantar el mando soviético en torno a su sector, para contener el éxodo masivo que se producía hacia Berlín occidental. De la franja de la muerte puede verse la East Side Gallery, el tramo más largo de Muro que resta en Berlín y que estos días también participa de los fastos, restaurando el centenar de grafitis que dejaron los artistas hace 20 años. Uno de los más fotografiados es el Beso fraternal entre Erich Honecker y Leónidas Breznev. O la obra del catalán Ignasi Blanch, Hablo de amor , que ayer acudió con otros artistas a la inauguración.
Berlín se prepara, bajo estrictas medidas de seguridad, para recibir también a Mijaíl Gorbachov, el ex presidente de la URSS y premio nobel de la paz, y el bangladesí Mohamed Yunus. Celebrarán la bautizada como Fiesta de la Libertad, a ambos lados de la Puerta de Brandemburgo.