Merkel, de la sauna a la limusina

Enrique Muller

INTERNACIONAL

Al igual que el 9 de noviembre de 1998, la canciller volvió a cruzar la frontera, esta vez acompañada de Gorbachov y Walesa

10 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Una joven doctora en Física de Berlín este llamada Angela Merkel tenía hace 20 años una costumbre casi religiosa cada jueves. Después de su trabajo en la academia de ciencias, la joven doctora se dirigía a la sauna. El jueves 9 de noviembre de 1989, Merkel, a pesar de haber escuchado la rueda de prensa de Günter Schabowsky, durante la cual el portavoz del comité central anunció la apertura del Muro, decidió cumplir con su ritual y se fue a la sauna con una amiga.

«Cuando regresé a mi casa, después del trabajo en la academia de ciencias, escuché a Schabowsky en la televisión, pero no tenía muy claro lo que eso significaba y llamé a mi madre para decirle que me parecía que iban a abrir el Muro. Como era jueves, decidí irme a la sauna», recordó la doctora en Física, convertida ahora en canciller de Alemania, en su mensaje semanal.

Cuando Merkel abandonó la sauna se dirigió a un bar para beber una cerveza con su amiga. Fue entonces cuando se dio cuenta que algo raro estaba sucediendo en la ciudad. «Cuando salí del bar me uní a la marea de gente y estaba feliz con todos los demás por ese día increíble», añadió.

Arrastrada por la marea, la joven doctora en física llegó hasta el puesto fronterizo de la Bornholmerstrasse, que había abierto el ex teniente coronel de la Stasi, Harald Jäger, y cruzó, por primera vez en su vida a Berlín occidental. Esa noche, la futura canciller de la Alemania unificada celebró con una lata de cerveza la caída del Muro en la casa de unos desconocidos.

Veinte años después de la noche histórica que cambió la vida de la joven doctora en física, Angela Merkel regresó nuevamente al ex paso fronterizo ubicado en calle Bornholm, esta vez a bordo de una limusina blindada y acompañada por Mijaíl Gorbachov y Lech Walesa para cruzar de forma simbólica la antigua frontera que dividía la ciudad.

El primer acto público dedicado a conmemorar el vigésimo aniversario de la caída del Muro fue breve, pero emotivo.

Después de cruzar un largo puente que unía entonces el sector oriental y el occidental de la ciudad, Merkel cogió un micrófono y, convertida en una improvisada periodista, entrevistó a un matrimonio que hace 20 años, igual que ella, había cruzado el Muro en el paso de la Bornholmstrasse.

Los otros muros

La fiesta bajo la lluvia tuvo un espacio para el recuerdo de los pogromos del 9 de noviembre de 1938 -la noche de los cristales rotos-, «antítesis monstruosa de la noche más hermosa de Berlín», en palabras del director de orquesta argentino-israelí Daniel Barenboim, que asimismo recordó los muros que quedan por derribar.

A miles de kilómetros, un centenar de activistas palestinos, israelíes y extranjeros echaron abajo un trozo del muro de separación construido por Israel en la Cisjordania ocupada, con lo que hicieron un pequeño hueco cerca del paso fronterizo de Kalandiya.