Los nacionalismos se nutren de símbolos, por lo que no sorprende que el ministro principal de Escocia y líder del Partido Nacionalista Escocés, Alex Salmond, eligiera el St. Andrews Day (el Día de San Andrés), patrono de Escocia, para presentar su primer intento serio de realizar un referendo sobre la independencia de Escocia. Sus expectativas de éxito son mínimas, con un Gobierno en minoría, las tres principales formaciones políticas escocesas en contra de la independencia, y con un apoyo cada vez menor del electorado. Pero Salmond ha hecho de esta ley su línea de choque a corto plazo, tan corto que el líder nacionalista quiere que la consulta se lleve a cabo el próximo año.
El proyecto de ley sobre el referendo, presentado ayer en un libro blanco sobre el cambio constitucional en Escocia, ya ha sido rechazado por laboristas, tories y liberal demócratas. Las tres formaciones representadas en el Holyrood, el Parlamento escocés, se oponen a los planes soberanistas de Salmond, al que ya acusan de malgasto del dinero público, con un coste estimado de unos 10 millones de euros. El libro blanco propone cuatro posibilidades: el statu quo, una extensión limitada de los actuales poderes del Parlamento regional, una mayor autonomía regional, en especial en materia fiscal, y la independencia plena.
Si Salmond logra convencer a las demás fuerzas -excepto los Verdes, que apoya la consulta-, conducirá al país a un referendo sobre sus ligaduras constitucionales con la corona británica, que datan de hace 300 años, en aproximadamente doce meses. «Creo que la opción con más posibilidades es la independencia», indicó Salmond, que agregó: «No tengo miedo del debate, lo que me sorprende es que aquellos que se oponen y que están tan convencidos de saber su resultado, se niegan a que se pregunte a los ciudadanos».
Salmond añadió más presión a los partidos unionistas, aquellos que quieren continuar bajo la corona británica, al indicar que estaría dispuesto a negociar la fecha del referendo y el texto de la pregunta. El líder nacionalista también utilizó la crisis económica actual como argumento para su causa. «La mayoría de los escoceses quieren aumentar la responsabilidad del Parlamento, así tendríamos más poderes para hacer más por Escocia, el poder económico y financiero para combatir la recesión, el derecho a hablar por Escocia en Europa», indicó Salmond.
Sin embargo, un sondeo de YouGov para el The Daily Telegraph indicaba ayer que solo el 12% de los escoceses encuestados consideran el referendo como una prioridad, y solo el 29% se declaran favorables a la independencia. Entre los que la rechazan destaca el premier británico, Gordon Brown.