El año del demócrata Obama

Victoria Toro

INTERNACIONAL

Que Barack Obama ha sido el protagonista del 2009 no puede dudarlo nadie. Comenzó jurando su cargo como primer presidente negro de Estados Unidos el 20 de enero, ganó el Premio Nobel de la Paz y ha acabado este primer año de mandato con dos hechos que van a definir su carrera política: la aprobación de la reforma sanitaria en su país y el acuerdo alcanzado con China en Copenhague para la lucha contra el calentamiento global.

En medio queda un año cargado de noticias y de especulaciones. También de análisis sobre la capacidad real de este hombre para gobernar. Si este año hubiera acabado el 15 de diciembre, la lectura de los hechos protagonizados por Obama daría la razón a los que lo han acusado de ser poco más que una fachada. Pero a partir del 15 de diciembre ocurrieron esos dos últimos hechos que obligan a una lectura mucho más compleja de la personalidad de Obama. Un hombre que, cueste lo que cueste, consigue lo que se propone.

Salud y Guantánamo

La aprobación de la reforma sanitaria es el gran asunto que ha marcado este año y que, sin duda, definirá la presidencia de este hombre en el futuro. Esa reforma sanitaria no es la revolución que él había prometido, pero es el mayor paso en beneficios sociales que se ha dado en Estados Unidos en los últimos setenta años, ya que extenderá la atención médica a casi cuarenta millones de estadounidenses que ahora carecen de ella.

El resto de sus acciones también demuestran ese empeño en lograr resultados. Anunció el cierre de Guantánamo para enero del 2010. Esa fecha es imposible de cumplir y la propia Casa Blanca lo ha reconocido, pero también es cierto que los pasos del Gobierno norteamericano llevan al cierre ineludible de la prisión de la bahía cubana. Anunció un mundo sin armas nucleares, y en diciembre alcanzó un acuerdo con Rusia para comenzar ya una reducción significativa del arsenal nuclear.

Desde el principio aseguró que su prioridad era la salida de la crisis económica. Según todos los indicadores, la recesión acabó ya en Estados Unidos. Ahora el objetivo de Washington es la creación de empleo, aunque los resultados de las nuevas campañas no se verán hasta el próximo año.

Por lo que se refiere a los cambios en cuanto al reparto de poder en el mundo, aseguró que había acabado la era del imperialismo y que lo que dominaría las relaciones mundiales sería el multilateralismo. Y es indudable que nunca como ahora se había sentido tanto el peso de países como China, la India o Brasil. Lo que es difícil de saber es si ese estado de las cosas lo ha provocado él con su política exterior o si, como parece más probable, es una tendencia que estaba ahí y que él ha sabido ver y fomentar.

Mirar a Asia más que a Europa

La preeminencia que en los últimos meses han alcanzado China o la India también es reflejo de otra de las estrategias de Obama. Las relaciones prioritarias de Estados Unidos se dirigen ahora hacia el Pacífico y Asia y no hacia la vieja Europa como había sido hasta ahora. Obama ha impulsado a su país al lado de los que se supone que van a protagonizar el futuro, los grandes colosos asiáticos.

Otro de los aspectos que ha marcado enormes diferencias con su antecesor en el cargo es su forma de dirigirse a los musulmanes. No solo porque fue hasta El Cairo para decirles que Estados Unidos les tiende la mano, sino porque en todas sus acciones ha mostrado que el Gobierno de Washington está dispuesto al diálogo.

Claro que no lo tiene fácil, sobre todo desde que a partir del 25 de diciembre se le ha abierto un nuevo frente, Yemen. El intento de atentado del día de Navidad en un avión que iba a aterrizar en Detroit puso al descubierto la situación de este país del sur de la península Arábiga. Allí Al Qaida entrenó al presunto terrorista nigeriano.

Con el intento de atentado, los ciudadanos descubrieron que su Gobierno lleva meses preparándose y preparando a las fuerzas de seguridad yemeníes para la lucha contra Al Qaida, que ha hecho de Yemen su refugio principal fuera de Afganistán y Pakistán.

Afganistán e Irak

Este año 2010 tampoco se presenta como un año fácil, ya que a este nuevo frente abierto en Oriente se unen algunos otros. En política doméstica le espera la reforma migratoria que prometió para el primer año de mandato y sobre la que ni siquiera se ha comenzado a negociar.

Y en política exterior, el 2010 será el año en el que se produzca el grueso de la salida de las tropas de Irak, que deben abandonar totalmente el país en el 2011. Y también será un año fundamental en la guerra de Afganistán, en el que se verá si la estrategia Obama tiene resultados positivos. Todo ello, además, tendrá influencia en la cita más importante del año, las elecciones legislativas de mitad del período presidencial que tendrán lugar el año próximo.