El escándalo extramarital de los Robinson no podía haber llegado en un peor momento para el Úlster. El reciente aumento de la violencia sectaria y las disputas cada vez más agrias y amenazantes entre unionistas y republicanos del Sinn Féin, que comparten Gobierno autonómico en Stormont, han conducido el proceso de paz a un momento crítico.
Desde el fin de semana los Gobiernos de Londres y Dublín mantienen contactos con los principales políticos norirlandeses para garantizar que la crisis personal y política que afecta a la familia Robinson y al DUP no haga caer al actual Gobierno de unidad. Pero ya no hay garantías en Irlanda del Norte.
En diciembre los primeros ministros británico, Gordon Brown e irlandés, Brian Cowen, se reunieron para evitar que el Sinn Féin hiciera caer el Ejecutivo autónomo tras amenazar con abandonar el Gobierno para Navidad. Tanto Londres como Dublín quieren que Stormont adopte las competencias de Policía y Justicia. El traspaso de poderes está apoyado por el Sinn Féin y, de hecho, fue una de las principales condiciones del acuerdo de coparticipación de un Gobierno en el Úlster con los unionistas. Pero estos están frenando el traspaso de estas competencias desde Londres, argumentando que no existe suficiente confianza en la sociedad norirlandesa.
Como consecuencia los grupos republicanos escindidos del IRA opuestos al acuerdo de paz, han aumentado su campaña de violencia de baja intensidad, con amenazas de bomba y pequeñas explosiones de artefactos. El atentado de la semana pasada, cuando su objetivo fue el asesinato de un policía, marca otra dimensión terrorista.
La situación de aguda crisis económica y alto paro que vive el Úlster no ha ayudado al afianzamiento del proceso de paz.