Las canas y la delgadez en su rostro evidencian que no ha sido un año fácil para Barack Obama. Los datos económicos, las bajas en Afganistán, el intento de atentado el día de Navidad y la extrema polarización política dicen que tampoco lo ha sido para sus conciudadanos.
Como gran logro está la casi segura aprobación de la reforma sanitaria y la salida de las tropas de Irak, que comenzará este año. Otro aspecto en el que ha cumplido lo que prometió es el predominio del multilateralismo en las relaciones internacionales. Aunque el terremoto de Haití ha vuelto a dar la imagen de una superpotencia imperial que guía al mundo. Hasta el extremo de que ha tenido que emitir un comunicado en el que explica que la presencia de sus 10.000 soldados responde a la petición del Gobierno haitiano y tiene exclusivamente motivos humanitarios.
Hay otro logro: ha conseguido que no se produjera una segunda Gran Depresión y ha evitado el colapso del sistema financiero. Pero las cifras de desempleo y la mala situación económica de una parte de la clase trabajadora hacen que no pueda presumir de ello. Pero no ha conseguido acabar con la polarización partidista. En una entrevista a la revista People , reconocía su fracaso en este aspecto: «No he sido capaz este año -afirmaba- de unir al país como lo habíamos conseguido el 20 de enero pasado». «Eso es lo que he perdido este año», señaló.
Los analistas políticos insisten en que la culpa la tiene él porque se ha empecinado en algunas de sus decisiones. En vez de buscar algún punto en común, el Gobierno de Washington ha promovido leyes que los republicanos nunca podrán apoyar. Y el ejemplo más claro es el de la reforma sanitaria.
Y todo parece indicar que el próximo año será igual. El pasado sábado el jefe del gabinete de la Casa Blanca, Rahm Emanuel, afirmaba en una entrevista que «los objetivos siguen siendo los mismos» y citó las reformas en el cuidado de la salud, la energía y la reforma financiera.
Parece que precisamente va a ser esta última la baza que utilizarán los demócratas en este año electoral. Ya el domingo en Boston, Obama dio una pista sobre lo que vendrá los próximos meses. A la hora de atraer votos para la candidata demócrata que optaba al escaño del fallecido Ted Kennedy, no utilizó como argumento la reforma sanitaria sino la reciente ley que obliga a los grandes bancos a pagar un nuevo impuesto para devolver al Estado lo que este dedicó al rescate financiero.
Este año legislativo se le presenta verdaderamente difícil al presidente con los datos de desempleo creciendo, nuevas amenazas terroristas que ahora también provienen de Yemen, la guerra de Afganistán recrudecida y la necesidad de comenzar a negociar una reforma migratoria.