El temporal que afecta a la costa este de Estados Unidos atrapa en sus casas a los habitantes de la capital, donde la vida pública y política ha quedado paralizada
11 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Arboles caídos, tejados hundidos, calles desiertas, transporte paralizado, aeropuertos, colegios y oficinas gubernamentales cerradas y cientos de miles de personas atrapadas en sus casas. Este era el panorama que se vivía ayer en un Washington cubierto por un volumen de nieve histórico que ya ha sido bautizado por los medios con el apocalíptico nombre de Snowmageddon . Un segundo temporal de nieve volvió a activar el estado de máxima alerta en la costa este de EE.?UU., desde Washington a Nueva York, y con ciudades como Filadelfia o Baltimore dispuestas a batir récords de nieve desde 1884.
La nueva nevada, que llegó 72 horas después de que otra tormenta dejara un manto de nieve de 50 centímetros de espesor sobre la capital, obligó al Gobierno federal a cerrar por tercer día consecutivo sus puertas. Hasta el Congreso ha suspendido votaciones claves.
«Y eso que allí no tendrán problemas de suministro como aquí, porque el martes ya no quedaban ni vegetales, ni comida congelada en los supermercados», dijo Santiago Cuevas, español que estos días espera la llegada de su primer bebé junto a su mujer Olga. «Estamos cruzando los dedos para que venga la semana que viene, porque con este panorama dudo que pudiésemos llegar al hospital».
Para aquellas personas que residen fuera de la ciudad, y donde el uso del coche es prácticamente obligatorio, la situación ayer era todavía peor. «Llevamos desde el sábado encerrados en casa y no sabemos cuándo podemos volver a la normalidad, dijo Lupita, una niñera con dos pequeñas a su cargo y quien a pesar de la situación estaba agradecida «porque por lo menos nosotros tenemos electricidad». La nevada obligó a la compañía eléctrica Pepco a interrumpir los arreglos del tendido debido a los fuertes vientos, de 75 km/h.
Cientos de vuelos cancelados y el cierre de escuelas, tribunales y la sede de la ONU fue el resultado inicial de la tormenta sobre Nueva York. No obstante, la ciudad seguía su ritmo habitual con transporte público en funcionamiento -e incluso reforzado-, igual que los mercados financieros de Wall Street.