Una dama de hierro sin carisma para su mayor reto

Arturo Lezcano

INTERNACIONAL

21 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Si en 1970 alguien le dijera a una activista del grupo guerrillero Vanguardia Armada Revolucionaria que iba a ser proclamada candidata a la presidencia de Brasil seguramente se reiría. Pero si esa activista se llamase Dilma Rousseff (Uberaba, Minas Gerais, 1947), la mueca no sería risueña, ni tan siquiera de sorpresa, sencillamente porque no acostumbra a expresar ese tipo de emociones. De Rousseff, Dilma para los brasileños, se pone el acento en su pasado político y sus dotes de mando al mismo tiempo que se destaca su inclinación por el bajo perfil y su alma de dama de hierro .

En corto, se puede decir que Dilma es una pragmática con altísima preparación y capacidad ejecutiva que sin embargo adolece de falta de carisma. Les ha faltado tiempo a los analistas brasileños para hablar de una contracara de Lula da Silva que, sin embargo, tiene la misión de llevar adelante un proyecto basado en el continuismo.

El desafío no es menor, pero son los retos lo que más gusta a esta una mujer especialista en la superación de adversidades y también del reciclaje político. Hija de un abogado búlgaro y de una docente brasileña, Rousseff ingresó en la militancia de izquierda al poco de comenzar los años de plomo en Brasil. La dictadura militar que se instauró en 1964 la llevó a unirse a grupos trotskistas y entró en la clandestinidad bajo el paraguas del Comando de Liberación Nacional. Enseguida roló hacia el maoísmo e inició la etapa más intensa de su actividad guerrillera, en la que lideró varios asaltos contra objetivos militares, aunque siempre ha negado haber utilizado armas. En 1970 fue detenida y estuvo presa casi tres años, y también fue torturada durante los 22 días que más recuerda de su vida.

Lejos de censurar su activismo, Lula siempre ha defendido el valor de Dilma en pro de la democracia, a la cual llegó enrolada en las filas del Partido Democrático de los Trabajadores. Hasta el 2001 no se afilió al PT, después de haber completado una larga y exitosa carrera de gestión en Porto Alegre.

La artífice del éxito de Lula

Fue ministra de Minas con Lula en la primera legislatura y después, tras el escándalo de corrupción que salpicó al hasta entonces considerado delfín de Lula, José Dirceu, fue nombrada jefa de la Casa Civil, un megaministerio cuyo titular hace las veces prácticamente de un primer ministro.

El pasado año, sufrió un cáncer linfático, del que asegura estar repuesta, lo que no le impidió continuar con su actividad e incluso someterse a una cirugía plástica de rejuvenecimiento.

Considerada madre del Programa de Aceleración del Crecimiento, que sacó a Brasil rápidamente de la crisis, por sus manos han pasado la mayoría de asuntos de Estado que han contribuido en la sombra a la enorme popularidad de Lula (cerca de un 80%).

Ahora llegan las incertidumbres para el oficialismo, básicamente centradas en cómo cambiar la simpatía, la intuición y la cercanía de Lula por la planificación, la frialdad y el fuerte temperamento de Dilma, que debe salir de los despachos para ganarse al pueblo.