Con su popularidad a la baja (menos del 36%) y el paro al alza (más de un 10%), Nicolas Sarkozy se prepara para digerir una derrota casi inevitable en las regionales. Los sondeos prevén para la derecha los peores resultados en un cuarto de siglo y colocan al Partido Socialista (PS) por delante, lo que ha desatado especulaciones sobre un cambio de tendencia en Francia. Pero el asunto es un poco más complejo. Como siempre, no es fácil extrapolar resultados. La izquierda ya dominaba las regiones desde el 2004 (solo no gobierna Córcega y Alsacia, que seguramente conquistará ahora). Además, el PS siempre se comporta peor en las presidenciales, principalmente por los conflictos entre sus dirigentes, que no se han resuelto todavía. Martine Aubry, la teórica líder, no se ha atrevido a pisar Poitou-Charentes, feudo de su rival interna, la egomaníaca Ségolène Royal. Esta, por su parte, ha ignorado las directrices de Aubry sobre alianzas al presentarse junto al moribundo partido centrista MoDem. ¿Por qué baja, entonces, la derecha? Sin duda, por la decepción de muchos franceses con Sarkozy y sus constantes promesas incumplidas, pero también a causa un garrafal error táctico: su partido, la UMP, concurre al primer turno aliado con casi toda la derecha. Los conservadores en su conjunto se privan así de los votos que hubiesen querido castigar a Sarkozy pero seguir en la derecha, y que ahora irán a la abstención. La extrema derecha Por otra parte, la presencia de la extrema derecha dentro de la coalición aleja el voto más centrista. Esto, y no el socorrido «desencanto con la clase política», explicaría la gran abstención proyectada, agravada por el hecho de que estas regionales son las primeras que no coinciden con otras nacionales. La paradoja es que esa abstención, aunque perjudique al presidente, podría salvarle si sobrepasa el 50%, ya que los resultados perderían valor. Si no es así, sin duda gravitará sobre él el recuerdo de aquel ministro que en el 2004 pidió la dimisión del jefe del Gobierno Jean-Pierre Raffarin por perder unas regionales. Sobre todo, porque aquel ministro era el propio Sarkozy.