Callinectes sapidus
. Este podría ser el nombre científico del incidente entre las dos Coreas. Es el de un crustáceo, también conocido como cangrejo azul, que se pesca en las aguas en las que tuvo lugar el hundimiento del barco de guerra surcoreano. El límite marítimo en esa zona siempre ha estado en disputa, pero cuando el cangrejo azul migra hacia el sur (lo que hace entre junio y septiembre) se multiplican los incidentes entre barcos de los dos países. Este año ha sido antes y ha sido más grave: le ha costado la vida a 46 marineros surcoreanos. Vaya por delante que Corea del Norte tiene razón en la cuestión de las aguas territoriales (el límite debería seguir el principio de las 12 millas, y no el de las obsoletas 3 millas); pero la manera brutal con la que ha reaccionado Pyongyang es una prueba más del grado de paranoia en la que vive este régimen al margen de la realidad.
Abundante paciencia
Afortunadamente, Corea del Sur siempre ha demostrado disponer de una abundante reserva de paciencia con su vecino, en gran parte porque entre la población surcoreana, para asombro de muchos observadores, no existe una clara animadversión hacia los que siguen considerando sus hermanos del Norte. También, por supuesto, porque una guerra sería devastadora. Y no tanto por las armas nucleares que se cree que el Norte posee como por las 18.000 piezas de artillería que apuntan, en su mayor parte, a Seúl, y que pueden reducir a escombros la capital de Corea del Sur en cuestión de minutos. Por eso, a pesar de que era evidente quién estaba tras el hundimiento del Cheonan , la Casa Azul surcoreana prefirió crear una comisión de investigación y dejar que el asunto se enfriase un poco antes de tomar unas represalias más bien retóricas. En cuanto a posibles sanciones, las que ha habido hasta ahora, como suele suceder, se han revelado inútiles. La paciencia sigue siendo la mejor estrategia. No es extraño que el «ying y el yang», el símbolo oriental de la calma, esté impreso en la bandera de Corea del Sur.