Dilema en el mar Amarillo

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

25 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La noticia no es que Corea del Norte amenazase ayer con una guerra nuclear en caso de invasión. Lo ha dicho antes y era esperable que lo dijese en víspera de las maniobras que norteamericanos y surcoreanos realizan hoy cerca de sus costas. La verdadera noticia ha pasado más desapercibida, y es que el ejercicio se había saldado con un fracaso para Washington ya antes de comenzar. No fueron las amenazas, más bien huecas, de Pyongyang, las que lograron neutralizarlo. Lo ha hecho China, sin apenas ruido ni esfuerzo. El asunto, de paso, viene a poner en evidencia cuál es el dilema al que se enfrenta Washington en el sudeste asiático y por qué cada vez está perdiendo más influencia en la zona.

Las maniobras de hoy estaban pensadas para dar tranquilidad a Seúl, reafirmando la voluntad de EE.?UU. de acudir en su defensa en caso de un ataque del vecino del Norte. Después del incidente marítimo de marzo, en el que una corbeta surcoreana resultó hundida (casi con toda seguridad) por un torpedo del Norte, Washington se sentía lógicamente obligado a programar las maniobras al oeste de la península de Corea, donde ocurrió el incidente. Pero esas costas están también próximas a China, que lo ha interpretado como una intromisión en sus aguas territoriales en un momento en que la Marina china se encuentra en plena expansión. Los chinos han construido una nueva base de submarinos en Hainan y quieren asegurarse el control del mar Amarillo y del mar de China de cara a un hipotético conflicto con Taiwán. Washington lo sabe y por eso ha estado infiltrando barcos en la zona para dificultar el sellado que pretende China.

Esta situación, de por sí delicada, ha venido a desequilibrarse por causa de estas maniobras. La consecuencia es que Pekín debe de haber hecho llegar un mensaje muy claro a Washington, porque a lo largo de la semana pasada el emplazamiento de las maniobras se ha ido deslizando hacia el Este. Al final, tan solo algún barco, de manera simbólica, operará en el mar Amarillo, mientras que el grueso del ejercicio tendrá lugar en una zona menos problemática. Es decir, que más que reforzar su posición en la región, EE.?UU. ha venido a dejar aún más claro, tanto a sus aliados como a China, que no se ve en condiciones de plantar cara a China.

Subyace aquí, en el fondo, una paradoja: por inercias de la guerra fría, China y EE.?UU. siguen viéndose como enemigos estratégicos, mientras que la realidad económica los ha hecho interdependientes. Es una contradicción que parece que ninguno de los dos sabe cómo resolver, pero que perjudica sobre todo a EE.?UU., cuyo espacio en Extremo Oriente se va achicando progresivamente.