Las organizaciones humanitarias islámicas se están movilizando con mayor rapidez que el Gobierno para socorrer a las víctimas de las inundaciones que causaron la peor crisis humana de la historia de Pakistán, algo que inquieta a Estados Unidos. Una de las oenegé más conocidas, la Jamaat-ud-Dawa (JuD), oficialmente prohibida en Pakistán e incluida en la lista de organizaciones terroristas de la ONU, está muy presente estos últimos días ayudando a los casi 15 millones de paquistaníes damnificados, a menudo despojados de todo. Esas organizaciones son recibidas con alivio por las víctimas, tanto más cuanto que la población denuncia precisamente la ineficacia del Gobierno. «Estamos entregando comida, ropa, medicamentos, carpas, utensilios y 5.000 rupias (44 euros) a cada familia», explicó un portavoz de la JuD en una provincia donde actúan los talibanes. La movilización de estas oenegé preocupa a Washington, que sospecha que son una herramienta de propaganda de los talibanes. Los rebeldes del Movimiento de los Talibanes de Pakistán instaron ayer a Islamabad a rechazar la ayuda de EE.?UU., y sostuvieron que podían donar ellos mismos 20 millones de dólares a las víctimas. La Administración Obama anunció el envío de 20 millones de dólares adicionales en ayuda, lo que eleva a 55 millones los fondos destinados a Pakistán, aliado clave contra los rebeldes islamistas. El responsable de asuntos humanitarios en las Naciones Unidas, John Holmes, anunció ayer que la ONU lanzó un pedido de 460 millones de dólares para ayudar a Pakistán. Holmes dijo que el llamamiento será revisado en 30 días y que los fondos donados serían utilizados en alimentos, agua potable, refugios y suministros médicos. El enviado especial de la ONU en Pakistán, Jean-Maurice Ripert, declaró al diario francés Le Monde que la ONU debía ayudar al Gobierno paquistaní para impedir que los talibanes salgan fortalecidos. «Todos esperamos que los extremistas no aprovechen las circunstancias para marcar puntos», dijo.