Medvédev opina que una democracia parlamentaria como la alemana sería una catástrofe para Rusia

La Voz MOSCÚ/AFP.

INTERNACIONAL

Apoya limitar la libertad de reunión, pero niega que el régimen sea autoritario

11 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El presidente ruso, Dmitri Medvédev, estimó ayer durante un foro de expertos internacionales en Yaroslav que un régimen parlamentario sería «una catástrofe» para Rusia. Medvédev indicó que no quería un régimen parlamentario como el instaurado recientemente en Kirguistán, una ex república soviética en la que fueron derrocados dos presidentes autoritarios en cinco años. Ni como el alemán, con un Gobierno fuerte. Además negó que el sistema político ruso sea autoritario, pero defendió las restricciones a la libertad de reunión impuestas a la oposición al Kremlin. El sistema político ruso está dominado por el presidente y el influyente primer ministro, Vladimir Putin. La Cámara baja, en el que el partido Rusia Unida del jefe del Gobierno es ultramayoritario, se limita a votar las leyes propuestas por el Ejecutivo. «Quienes dicen que estamos en un régimen totalitario tergiversan la verdad o tienen mala memoria», añadió Medvédev. El presidente ruso, con fama de ser más liberal y más comprometido con el proceso democrático que su antecesor, Vladimir Putin, ha decepcionado a quienes esperaban que realizara cambios profundos desde su llegada al Kremlin en el 2008. El jefe de Estado, que se ha fijado como una de las prioridades de su mandato la modernización de Rusia, insistió en que «quisiera que el pueblo, y no solo el presidente y la élite política, sea el modernizador del país», subrayó. En su opinión, la principal dificultad del desarrollo de la democracia en Rusia reside en que «el pueblo no parece consciente de su responsabilidad y de su implicación en el proceso político». «La democracia no es solo libertad, sino autocontrol», señaló. Medvédev salía así al paso de las críticas internacionales por la dispersión violenta de las manifestaciones opositoras no autorizadas celebradas el 31 de cada mes en Moscú. Muchos rusos tuvieron una «relación difícil» con la democracia, porque relacionaban el término, utilizado sobre todo en los años noventa, caracterizados por la crisis, con la pobreza, explicó el jefe del Kremlin.