Lula le hace la campaña a su sucesora

A. Lezcano González

INTERNACIONAL

Las acusaciones de corrupción se convierten en la única arma de la oposición para erosionar la candidatura de Dilma Rousseff

01 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace cuatro años, Lula da Silva hacía campaña por sí mismo con la seguridad de quien navega con el viento a favor en un velero gigantesco rumbo a un mar de felicidad. Aparecía sosegado en los mítines, con una sonrisa de oreja a oreja, e incluso se permitía dejar su silla vacía en el debate decisivo en televisión. Ganó, pero tuvo que hacerlo en la segunda vuelta. Y eso estos días ya parece poco. Por eso Lula, aunque no se presenta, es la figura omnipresente de la campaña electoral brasileña: su cara está en los carteles y propagandas, y si le llegan a permitir ir al debate en televisión, también lo haría.

Él no es candidato, pero siempre ha estado presente. Primero, al inicio, con un tono de superioridad. Ahora, en días decisivos, con un toque más conciliador, el que le hace falta a su candidata ahora mismo. Dilma Rousseff contaba con una ventaja tan grande sobre sus contrincantes, José Serra y Marina Silva, que su victoria parecía pan comido en la primera vuelta, este domingo. Pero en los últimos días los sondeos dejan en el alero ese triunfo por la vía rápida, la clave de unas elecciones condimentadas con los ingredientes clásicos de una campaña brasileña.

Corrupción

Con unos números tan aplastantes como presenta la gestión de Lula (80% de aprobación, 30 millones de brasileños ingresando en la clase media, crecimiento de la economía a ritmos más altos que China, actor internacional y hasta sede de un Mundial y Juegos Olímpicos) la única manera, sino de tumbar, de inquietar un poco a la candidata del PT era la de agitar asuntos de corrupción, epidérmicos en la política brasileña.

Y así ha aparecido el nombre de Erenice Guerra, ex mano derecha y sustituta de Rousseff al frente de la Casa Civil, el ministerio más importante del país, acusada de tráfico de influencias y que puede ser un obstáculo para el plan de Lula de influir en el palacio de Planalto.

En el mar de sondeos que inunda la campaña, el escándalo ha erosionado su imagen más amable, trabajada tras meses de críticas por falta de carisma. Pero a estas alturas poco importa eso si se está bajo el ala de Lula, siempre y cuando no haya corrupción de por medio.

A dos días de las elecciones, Rousseff roza el 50% de intención de voto, más que la suma de sus principales rivales. Serra suma un 28%, y Silva, un 14%. La foto final determinará si hay otro turno o Lula sonríe tranquilo.