Cuando perdió su mayoría parlamentaria en 1994, Clinton se volcó en Oriente Medio. En circunstancias parecidas, Nixon se había plantado en Pekín para hacer las paces con Mao (llegó al extremo de memorizarse uno de sus poemas). La política exterior siempre ha sido un refugio para presidentes norteamericanos en dificultades porque ahí disponen de más margen de maniobra. Por eso se especula ahora con que Obama podría hacer otro tanto. En su caso se suma, además, el hecho de que ya ha recibido lo que podría considerarse un premio Nobel de la Paz a cuenta.
Los analistas piensan en el dosier árabe-israelí, que ya ha proporcionado seis nobeles de la paz (eso sí, sin resolver apenas nada). Pero Obama se ha mostrado débil ante Israel incluso cuando aún se le veía fuerte, y el nuevo equilibrio de fuerzas en las cámaras más bien le empujará a la peligrosa confrontación con Irán que exige Tel Aviv. Evitarla sería ya un servicio considerable a la paz, pero uno que pasará desapercibido. Queda Asia, por tanto. No Afganistán, donde lo único que se dirime ya es la escala y el calendario de la claudicación, pero sí la constelación de asuntos que giran en torno a Pekín (Corea, Taiwán, sistema monetario, derechos humanos).
El desequilibrio entre las dos potencias, sin embargo, es tal en estos momentos que Obama no puede siquiera soñar con anotarse ese tanto. Ominosamente para él, la revista Time acaba de rebajarle al puesto de «segundo hombre más poderoso del mundo» para situar en el número uno, precisamente, al premier chino Hu Jintao.
Quizás por eso, Obama, que habrá ido leyendo Time en el avión presidencial, parecía esforzarse ayer por rebajar las expectativas de su gira asiática. En Bombay, ante un auditorio que esperaba un indicación clara de qué va a hacer en Afganistán y con Pakistán, habló de empleo y deslocalización. De ahí irá a la reunión del G-20 en Seúl y, unos días después, a la cumbre económica de Yokohama,. Pero, recién devaluado el dólar, llega con poca legitimidad para criticar la política monetaria china. Y en medio, Indonesia, en plena catástrofe humana a causa del volcán Merapi. El lugar perfecto para pronunciar un buen discurso, pero nada más.