Elecciones a toda costa

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

28 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Algunos pensaban que hubiese sido mejor aplazar las elecciones de hoy en Haití. El terremoto hizo que se perdiesen los censos, muchos haitianos se han quedado sin documentación y por si fuese poco el país se encuentra en mitad de una epidemia de cólera. Pero el aspecto más polémico de estas votaciones está pasando extrañamente desapercibido: es la prohibición del Fanmi Lavalas, al que no se ha permitido tomar parte en los comicios. Se trata del partido del dos veces derrocado presidente Jean-Bertrand Aristide, quien ha llamado al boicot desde su exilio en Sudáfrica.

El Lavalas sigue siendo, con diferencia, el partido más popular en Haití. El hecho de que la ONU acepte certificar estas elecciones amañadas no viene sino a confirmar a ojos de los haitianos lo que siempre se ha sabido: que la comunidad internacional estuvo detrás, o al menos al lado, del golpe que derrocó al democráticamente elegido Aristide, al que unos consideran un visionario progresista y otros un demagogo populista (unos y otros tienen, seguramente, bastante razón).

Es aquí donde el caos que vive Haití se convierte en una ventaja para los organizadores de las elecciones. En las del 2009, el boicot de Aristide hizo que la participación no llegase al 10%. En el contexto actual, una cifra baja pasará desapercibida. La comunidad internacional y la élite haitiana (todos los candidatos pertenecen a ella) saben que tienen una oportunidad de oro para legitimar un resultado que de otro modo sería muy discutido. Poco importa quién gane, todos los partidos se presentan con el mismo programa. En cualquier caso, estarán en manos de la misión de la ONU, que ocupa ahora el lugar reservado al Ejército haitiano hasta que Aristide lo disolvió durante una de sus pasadas por el poder. Lo único que preocupa es que haya que ir a una segunda vuelta, lo que crearía un vacío de poder y daría espacio a una revuelta de Lavalas .

Protestas ya las está habiendo, y los cascos azules intervienen en ellas, a veces con el resultado de muertes, lo que hace cada vez más impopular su presencia. Por si fuera poco, y contra lo que se había dicho en un principio, es ya casi seguro que, efectivamente, la epidemia de cólera ha entrado en el país por medio de los cascos azules de Nepal, donde hubo un brote este verano.