Hillary Clinton afirma que la filtración «no es solo un ataque a EE.UU., sino a la comunidad internacional»
30 nov 2010 . Actualizado a las 02:24 h.Mientras las reacciones de los Gobiernos de medio mundo mezclan la cautela con la preocupación ante los nuevos papeles de Wikileaks, Washington mantuvo ayer la única postura posible ante el bochorno que está sufriendo, una condena rotunda de la filtración, el anuncio del inicio de una investigación penal y «las profundas disculpas de Estados Unidos por la divulgación de informaciones destinadas a ser confidenciales».
«No solo es un ataque contra Estados Unidos. Es un ataque a toda la comunidad internacional», afirmó en rueda de prensa la secretaria de Estado, Hillary Clinton, sobre la filtración de 250.000 documentos, que ella calificó de «robados», la inmensa mayoría de los cuales pertenecen a su departamento.
Después de descartar que vaya a «comentar ni confirmar» las informaciones filtradas, la jefa de la diplomacia estadounidense se dirigió a los aliados con el mensaje: «Tengo confianza en que las asociaciones y relaciones que hemos construido en esta Administración resistirán este desafío», señaló.
La semana pasada, la secretaria de Estado había alertado a varios ministros de Exteriores sobre las revelaciones más problemáticas. Ayer ante la prensa se refirió expresamente a su colega turco de visita en Washington. Y es que algunos de los cables demuestran que EE.?UU. habría ayudado al PKK, el movimiento separatista kurdo que lucha contra Ankara y que Washington mantiene en la lista de grupos terroristas.
Assange, el objetivo
El fiscal general de EE.?UU., Erik Holder, comunicó la puesta en marcha de la investigación penal al tiempo que condenaba la filtración como un atentado a «la seguridad nacional» que pone en peligro a diplomáticos, archivos secretos y «lo que es más importante, nuestra relación con significativos aliados en el mundo». Y sobre la posible responsabilidad del fundador de Wikileaks, Julian Assange que es ciudadano australiano, Holder dijo que ese hecho no hace que quede al margen de la investigación, ya que afirmó que se determinará la responsabilidad de «todos aquellos que hayan infringido las leyes estadounidenses».
La otra línea de defensa fue la de combatir la acusación de que los diplomáticos estadounidenses actúan como espías. Sobre este asunto, el portavoz del Departamento de Estado, Phillip Crowle, dijo: «Nuestros diplomáticos saben exactamente lo que son, diplomáticos».
Aunque esa rotunda afirmación parece desmentida por algunos de los cables publicados en The New York Times , y los otros cuatro medios que recibieron con antelación los textos de Wikileaks. Hay un buen número de ellos, algunos firmados por la propia Hillary Clinton, en los que se pide a los diplomáticos que recaben información sobre diferentes líderes, instituciones o asuntos concernientes a ciertos países. Un espionaje del que no se salva ni la ONU ni su secretario general, Ban Ki-moon.
Revisión de la seguridad
Y el tercer asunto del que se están ocupando las autoridades estadounidenses es el de dificultar las filtraciones. La mayor parte de los 251.287 cables enviados por diplomáticos estadounidenses a Washington y 8.000 directivas mandadas por el Departamento de Estado a sus embajadas se transmitieron mediante la red SIPRNet, a la que tienen acceso dos millones y medio de personas. La Casa Blanca ordenó ayer mismo la revisión de todos los procedimientos de seguridad para intentar atajar las filtraciones.