EE.UU. no se libra de la oleada de protestas que recorre todo el mundo
20 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Los colegios públicos de Wisconsin llevaban ayer cuatro días cerrados por falta de profesores. Los senadores demócratas en paradero desconocido, con la policía estatal pisándoles los talones por orden del gobernador. Madison ya no evocaba una historia de amor tejida por Clint Eastwood, sino los ecos de una revolución: la que intentan llevar a cabo los 30.000 manifestantes acampados en la plaza del Capitolio, como si fuera la mítica plaza de Tahrir de Egipto. Kill the Bill no es esta vez una película de Tarantino sino un grito contra la ley antisindicatos, disimulada en los presupuestos, que negará a los trabajadores el derecho a negociar contratos colectivos e impedirá que las cuotas sindicales se deduzcan de sus nóminas.
Había que remontarse a las manifestaciones contra la guerra de Irak en el 2003 o a las antiglobalización de Seattle en 1999 para encontrar en EE.UU. protestas de este calibre. Quienes medían fuerzas no eran solo los sindicatos de profesores que prendieron la chispa, sino el Partido Demócrata, que engrasa la maquinaria para las elecciones, y el Partido del Te, determinado a recuperar el capitalismo puro y duro.
Es fácil rastrear las donaciones de los hermanos Koch tras los cargos electos que impulsaban la ley con la excusa de la crisis. Los 137 millones de agujero presupuestario que alegan palidece con los 117 millones en impuestos que el mes pasado perdonaron a las corporaciones. Pero también es fácil identificar los autobuses cargados de funcionarios de Organizing for America, la organización en la que Obama depositó el entusiasmo de sus voluntarios de campaña.
El jueves los dos hermanos ganaban dentro del Capitolio de Madison, mientras buscaban atajos legales para saltarse el quórum requerido para la votación, imposible sin los 14 senadores demócratas y 2 republicanos desaparecidos en combate. Pero en la calle ganaba Obama, que sorprendió al invitar a una emisora local de Milwaukee a la Casa Blanca para una entrevista exclusiva.
«Algunas de las cosas que escuché salir de Wisconsin parecen un asalto a los sindicatos», afirmó el presidente encendido, en contraste con su cautela habitual. «Es importante recordar que los funcionarios son nuestros vecinos, nuestros amigos».
Sindicatos en guardia
En tiempos de crisis es fácil explotar el resentimiento hacia los privilegios de los funcionarios o cualquier otro colectivo con mejores prestaciones. Los funcionarios a los que el gobernador quiere hacer pagar la mitad de sus pensiones y parte de su seguro médico disfrutan de mejores condiciones que muchos trabajadores de la industria privada, pero como dice The New York Times, «no las robaron, las negociaron con gobernantes electos y si hay que revisarlas debe ser en la mesa de negociación».
Los funcionarios dicen estar dispuestos a considerar recortes siempre que no atente a sus libertades sindicales, pero el gobernador no les dio opción. Por eso los sindicatos de todo el país se desperezan, los senadores desaparecidos hablan desde «algún lugar seguro fuera del estado» y el resto de la sociedad toma posiciones.