La escasez de combustible impide incinerar a los muertos

tokio / dpa

INTERNACIONAL

Los cadáveres van acumulándose, poco a poco, en las ciudades afectadas por el terremoto y el posterior tsunami ocurridos hace nueve días en Japón. La cifra de muertos supera ya a los registrados tras el terremoto de Kobe, una de las mayores catástrofes de la historia reciente de Japón. Y es que las cifras oficiales que ha facilitado la policía ya hablan de 7.197 cadáveres y en torno a 10.900 desaparecidos.

La falta de combustible se ha convertido en un problema importante en toda la zona porque impide la incineración de los cadáveres. Esto ha comenzado a desbordar las morgues en la zona. Para evitar la putrefacción de los cuerpos, los japoneses los están conservando en bolsas y en hielo seco, tal y como informó el diario Yomiuro Shimbun. Incluso, en contra de la tradición japonesa -un Estado donde únicamente entierran en torno al 0,04% de los muertos-, han empezado a sepultar a los fallecidos obviando ese paso previo. Lo han hecho en Miyagi, ante las preocupaciones del gobierno de la prefectura de que comiencen las infecciones por el comienzo de la descomposición de los cadáveres.

El problema con el que se han topado es la poca experiencia en la realización de esta práctica. Esa es la razón por la que han pedido ayuda a urbes vecinas. Han solicitado que les ayuden a almacenar los cuerpos e incluso a quemarlos. El problema es que la falta de combustible ha vuelto a dificultar la labor de transporte.

Peligro

Pero los obstáculos no quedan ahí. El terremoto que ayer azotó al noroeste de Japón, con una magnitud de 6,1, y el riesgo de fuertes mareas incrementan la preocupación en la zona porque todo el área es ahora un espacio mucho más vulnerable de lo que ya era antes de que el desastre llegara. La razón es que el efecto del maremoto ha hundido la tierra que estaba más pegada a la costa.

Por eso el trabajo preventivo también continúa para mejorar los refugios en los que se encuentran los desplazados. Alejarlos de la zona del desastre es otra labor que tratan de apurar. La propia población ha habilitado refugios en centros que se mantienen en pie. Y junto a los expertos, los propios habitantes de las zonas afectadas también colaboran en el rescate de quienes eran sus vecinos.