El noreste japonés busca la normalidad entre la alerta en Fukushima

EFE

INTERNACIONAL

Los primeros aviones comenzaron hoy a aterrizar en el aeropuerto de Sendai, golpeado por el tsunami de hace más de un mes.

13 abr 2011 . Actualizado a las 15:53 h.

Los primeros aviones comenzaron hoy a aterrizar en el aeropuerto de Sendai, golpeado por el tsunami de hace más de un mes, como símbolo de una normalidad que aún avanza lentamente, sobre todo en la central nuclear de Fukushima.

Las constantes réplicas, la más fuerte hoy de 5,8 grados en el noreste japonés, no permiten un momento de relajación a los cientos de miles de damnificados por el terremoto de 9 grados del 11 de marzo, que ha dejado más de 13.300 muertos y 15.148 desaparecidos.

El devastador tsunami hizo que hoy el Gobierno de Japón revisase a la baja, por primera vez en seis meses, su evaluación de la economía del país, especialmente en la potente industria exportadora, aunque confió en que el impacto sea solo a corto plazo.

El ahorro energético, las fábricas dañadas y los problemas de radiactividad en las zonas cercanas a la central nuclear de Fukushima Daiichi están lastrando a las empresas japonesas y también al sector primario, que como los agricultores intenta recuperarse de al desconfianza entre los consumidores.

Un día después de elevar la gravedad del accidente de Fukushima de 5 al máximo de 7, el mismo nivel que el de Chernóbil, el Gobierno japonés prohibió hoy la distribución de una clase de setas japonesas (shiitake) procedente de algunas zonas cercanas a la central nuclear.

El veto supuso un nuevo revés para una zona altamente dependiente de la agricultura, que en las últimas semanas ha visto caer en picado la demanda de sus productos ante la alarma por la contaminación radiactiva, que alcanza a localidades a más de 30 kilómetros de la central.

El Ejecutivo nipón ya ha levantado la prohibición de comercializar leche de Fukushima tras descender el nivel de contaminación y solo mantiene el veto sobre algunos tipos de verduras, lo que no ha impedido que países como China hayan limitado la importación de alimentos japoneses.

La situación de los agricultores ha hecho que surjan campañas de solidaridad para promocionar los alimentos de la zona afectada, como la que vende en un céntrico mercado de Tokio todo tipo de verduras procedentes de provincias como Ibaraki, además de otras zonas de la región de Tohoku afectadas por el seísmo y el tsunami.

La iniciativa estará en marcha hasta el próximo 8 de mayo y hasta el momento se ha registrado una gran demanda, según explicó a Efe uno de los coordinadores del mercado, Kazuki Iimura.

«Todos los productos están perfectamente controlados y la gente los compra sin ninguna preocupación», aseguró Iimura.

Decenas de personas hacían hoy fila ante los puestos de alimentos cultivados en Ibaraki, donde el Gobierno ha prohibido la comercialización de algunos tipos de verduras y, según el coordinador, la afluencia se mantiene todos los días.

«Los que pueden hacer llegar sus productos hasta aquí son los afortunados. Desde los lugares más aislados todavía no pueden enviarlos, esos son los que peor lo están pasando», dijo por su parte a Efe uno de los vendedores.

En medio de la alarma por el alcance de la radiactividad en torno a la inestable planta nuclear de Fukushima, la empresa operadora de la central, TEPCO, se mostró hoy dispuesta a indemnizar cuanto antes a los afectados por el accidente nuclear.

El presidente de la eléctrica, Masataka Shimizu, dijo hoy en rueda de prensa que la compañía atraviesa «la situación más seria y crítica» de su historia y pidió perdón de nuevo por los problemas causados por las filtraciones radiactivas en la central.

Medios locales indicaron hoy que el pago de compensaciones podría extenderse durante más de una década y suponer el desembolso de varios billones de yenes (decenas de miles de millones de euros) para TEPCO, muy criticada por su gestión de la crisis.

Por el momento Toshiba y Hitachi, constructoras de reactores, han presentado sendos planes para desmantelar las problemáticas unidades, algo que para la primera llevará al menos una década y que para la última podría durar hasta 30 años.