Más que como un acuerdo para componer un Gobierno unitario, hay que entender el acercamiento entre Hamás y Al Fatah como un pacto de no agresión. El A Fatah de Mahmud Abás se compromete a dejar de colaborar con Israel en la destrucción de Hamás, y Hamás acepta permitir que Abás se siga llamando a sí mismo «presidente del Gobierno» a pesar de que su mandato expiró hace ya mucho (y a pesar de que fue Hamás el que ganó las elecciones).
No es una gran renuncia para ninguno de los dos: después de todo, la Autoridad Palestina no es un Gobierno más que de nombre. Lo han demostrado estos casi diez años en que lo ha dirigido Abás. Este, por su parte, tampoco tiene ya ningún incentivo para perseguir a Hamás, toda vez que ha visto que esto no le sirve para que Israel negocie en serio, ni siquiera para que lo trate e él con un mínimo de respeto.
La revolución egipcia también ha tenido algo que ver. Las negociaciones habían comenzado con la mediación de Mubarak. Entonces, Abás se sentía lo suficientemente fuerte como para rechazar una reconciliación que exigían los palestinos. Estaba convencido de que él, solo, podía lograr lo que nadie ha logrado nunca: que Israel cumpla un acuerdo.
Asentamientos
Pero si ya con el patronazgo de Hosni Mubarak Abás sufría una humillación tras otra a manos de los israelíes, sin Mubarak no tiene sentido seguir intentando la misma estrategia. La gota que ha colmado el vaso: la constatación de que Estados Unidos no tiene la capacidad, o la voluntad, de presionar a Israel incluso en cuestiones tan básicas como la construcción de nuevos asentamientos en Cisjordania.
Así que, amenazado por una posible «primavera árabe» palestina, Abás ha cambiado de rumbo justo a tiempo. Su nueva estrategia se centra ahora en buscar apoyo internacional para una declaración unilateral de independencia que tenga como marco las fronteras existentes en 1967. Hamás aceptó este principio hace ya diez años, por lo que no existe, en principio, ningún obstáculo político importante que impida la reunificación de las dos ramas del movimiento palestino.
Incluso si volviesen a celebrarse algún día conversaciones de paz, el interlocutor de estas es formalmente la OLP, no la Autoridad Palestina. Aunque Hamás siempre ha considerado esas negociaciones inútiles, nunca ha hecho nada concreto para boicotearlas, y es de suponer que ahora mantendrá la misma actitud.
Reacción occidental
Si es que vuelve a haber negociaciones, claro está. Porque lo cierto es que el paso del tiempo, en esto, ha dado la razón más bien a Hamás. Por eso, las cancillerías occidentales, que en otros tiempos hubiesen recibido esta alianza con preocupación, apenas han movido un músculo. Veinte años después del comienzo del proceso de paz, ya pocos tienen estómago para sermonear a los palestinos.
También a ellos, en buena medida, se les ha acabado la paciencia con Israel.