Escenas de cuando se acerca el final

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

22 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Es la hora del telediario en Trípoli. De repente la locutora de la televisión libia saca una pistola y se pone a gritar que defenderá los estudios a tiros. «No tomaréis el canal al-Libiyah, antes me tendréis que matar», dice. Luego sigue leyendo las noticias.

Esperemos que esta escena difundida ayer se quede en un caso extremo de editorialización y periodismo partidista, y no sea un anticipo de lo que está por venir. Trípoli es una ciudad de casi dos millones de personas, atestada de tropas gadafistas, y a los rebeldes les ha llevado meses hacerse con pequeñas villas. Podría ser un baño de sangre. Ayer la OTAN intensificaba su labor como fuerza aérea de los guerrilleros, pero si la lucha se traslada a las calles del centro no podrá hacerlo sin causar graves daños a la población civil. Es irónico, porque es la misma situación que provocó la intervención de la OTAN: una ciudad asediada a punto de caer y el temor a una masacre. Solo que ahora la OTAN tendría que intervenir para frenar a la OTAN.

Por eso hay que suponer que en algún lugar se está negociando a toda prisa una salida menos cruenta. No ya un acuerdo de paz como el que propuso la Unión Africana y que Occidente vetó, sino una capitulación, pura y simple (que tendrá poco de lo primero y nada de lo segundo). A las puertas de Bengasi, Gadafi dijo que entraría como Franco en Madrid en 1939, pero al final le ha tocado el papel de Besteiro. Es la maldición de las grandes frases.

Tampoco hay que descartar una deserción en masa del Ejército. Después de todo, el gobierno provisional rebelde cuenta ya con más gadafistas, paradójicamente, que el propio bando del coronel Gadafi.

Nunca es una salida elegante, pero permitiría mantener un mínimo de orden en las calles de Trípoli durante la peligrosa transición. Washington podría autorizarlo y seguramente es la solución que prefiere. Pero el reciente asesinato del general Yunes, el comandante del Ejército rebelde y antiguo ministro de Gadafi, a manos de sus propios hombres, hace temer una cadena de ajustes de cuentas. De hecho, las venganzas que se han ido sucediendo a lo largo del avance de las fuerzas rebeldes en el oeste han alarmado en las cancillerías occidentales. Tampoco son un buen augurio precedentes como el de Costa de Marfil o el de Sudán del Sur.

En todo caso, sea hoy o dentro de unos días o semanas, está claro que se aproxima el momento; ese momento terrible en toda guerra, mucho peor que el momento en que empieza: el momento en que termina.