En el ojo del huracán

leoncio gonzález REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

24 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Por segunda vez en el corto espacio de diez días, cooperantes españoles se han visto privados de libertad debido a la actuación de grupos terroristas que tienen en común ser franquicias de Al Qaida en Somalia y en el Magreb. Con probabilidad, se trata de una coincidencia sin mayor relación causal que el desprendimiento solidario de nuestros jóvenes: los lleva a tener una presencia generosa donde creen que pueden ser útiles más allá de nuestras fronteras, sin hacer cuentas de la exposición al riesgo que ello implica.

De todos modos no conviene ignorar que, aunque son fanáticos, los violentos también son cerebrales. Calculan los beneficios que pueden reportarles sus ataques y las consecuencias que pueden acarrear a su seguridad teniendo en cuenta los antecedentes que obran en su poder. Y reconozcámoslo o no, nos guste más o menos, esos antecedentes sugieren que un secuestro de españoles en el extranjero puede ser lucrativo para quienes lo llevan a cabo. El motivo estriba en que la reacción política en nuestro país tiende a privilegiar la búsqueda de acuerdos que salven las vidas en peligro.

No hay que retroceder demasiado en el tiempo ni buscar a miles de kilómetros de donde fueron atacados ayer Ainhoa y Enric para encontrar un precedente sumamente ilustrativo. Se produjo en noviembre del 2009, cuando miembros de la misma banda que irrumpió en el campamento saharaui de Tinduf capturaron a los también cooperantes españoles Albert Villalta, Roque Pascual y Alicia Gámez cuando se dirigían a Dakar y los condenaron a un cautiverio traumático que se prolongó varios meses. Como se recordará, los fundamentalistas reclamaron la liberación de varios compañeros de filas que purgaban sus delitos en prisiones mauritanas. El Gobierno español, con el ministro Moratinos al frente, no dudó en mover sus resortes para darles lo que querían.

Es claro que el antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate atentaría igual aunque no existiera esa disposición al trueque, si así le conviniese a los verdugos que lo integran. Sin embargo, no hay que descartar que el hecho de que haya existido receptividad a sus demandas en el pasado pueda haberlos inclinado a suponer que la habrá siempre que elijan españoles como blancos. Esta hipótesis coloca a nuestros cooperantes en la zona en el ojo del huracán.

Es una zona amplia porque los salafistas han conseguido diseminar su radio de acción desde su cuna en Argelia a países limítrofes como Marruecos, Mauritania, Túnez o Mali, desde donde lanzan sus incursiones. Y su peligrosidad no ha sido exagerada. Los persigue una trayectoria mortífera que aún puede agravarse si es cierto que han conseguido hacerse con armamento procedente de los arsenales de Gadafi.