Sarkozy, al pie de la escalera

esperanza suárez

INTERNACIONAL

El mandatario ha logrado que los sondeos le den un respiro con argucias como dejar al primer ministro las malas noticias

22 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Nicolas Sarkozy no da malas noticias, las deja para su primer ministro, François Fillon, y espera escapar al destino que persigue a los dirigentes de la crisis europea. A cinco meses de su propia reválida en las urnas, el presidente francés ha conseguido que los sondeos le den un leve, pero importante respiro.

La sorpresa la ha dado el instituto LH2 al revelar que François Hollande solo le sacaría un punto de ventaja en la primera vuelta de unas presidenciales. El candidato socialista se da un batacazo de nueve puntos con respecto a sus resultados del sondeo de octubre, y Sarkozy sube cinco por primera vez desde el 2008, cuando su popularidad entró en caída libre. El escaso prestigio del instituto de opinión no impide que otro más serio vaya por el mismo camino.

Según el barómetro Ifop, en noviembre hay un 3 % más de franceses satisfechos con el papel de Sarkozy como presidente de la República. Pesa sobre todo su presidencia del último G-20, sus entrevistas con Barack Obama y hasta sus enfados con David Cameron, cuando el primer ministro británico se mete en discusiones sobre un euro que no acepta para su país.

Tensión con Berlín

También le da puntos la nueva tensión en sus relaciones con Angela Merkel desde que los enfrenta la reforma de los tratados de la Unión Europea y el papel del Banco Central Europeo en la salida de la crisis financiera.

Mientras Sarkozy reunía en Niza a los más poderosos del mundo, el socialista Hollande firmaba libros en un pueblecito de su circunscripción. Su descenso en la intención de voto sería fruto de la resaca tras el empacho informativo de las elecciones primarias socialistas, pero también de sus primeras incoherencias al firmar un acuerdo-desacuerdo con los verdes sobre energía nuclear.

Sarkozy esperaba la remontada, pero cree que está «al pie de la escalera» y le queda mucho por subir. El alivio llega al partido conservador francés, concentrado en desprestigiar el programa socialista y en demostrarle a la ultraderecha de Marine Le Pen que nadie como ellos para frenar la inmigración. El que huele a cadáver político es François Fillon, el primer ministro que anunció en tono de funeral el plan de rigor que les toca a los franceses.