Mientras la policía reprimía las protestas de los opositores, el Gobierno y el Kremlin reaccionaba a las críticas de Occidente.
El Ministerio de Exteriores ruso calificó de inaceptables las declaraciones de la Casa Blanca, mientras el presidente, Dmitri Medvédev, negó que las denuncias de irregularidades recogidas en vídeo puedan ser utilizadas como «prueba evidente» de fraude y rechazó las críticas de la secretaria de Estado norteamericana. En el Consejo ministerial de la OSCE que se celebró ayer en Viena, Hillary Clinton declaró que los comicios rusos no fueron «ni libres ni justos».
El Gobierno británico, por su parte, pidió que las supuestas violaciones electorales sean investigadas «rápidamente y con transparencia».
La oenegé rusa Golos, la emisora de radio Eco de Moscú y otras páginas webs denunciaron miles de irregularidades durante la jornada electoral. Entre ellas destaca la introducción masiva de papeletas y el «carrusel», fraude que consiste en trasladar en autobuses a decenas de personas por diferentes colegios electorales para que voten repetidamente por el partido gobernante. «Las papeletas introducidas fraudulentamente suman entre 10 y 15 millones, son votos robados a la gente, exclamó el opositor Boris Nemtsov.
Rusia Unida, que obtuvo menos del 50 % de los votos, logró la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, pero con 77 escaños y casi 13 millones de votos menos que hace cuatro años.