Marginados en el nuevo Egipto

M. A. Murado

INTERNACIONAL

18 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Ante la evidencia de nueve cuerpos sin vida de manifestantes, Kamal al-Ganzuri, el hombre de paja de la Junta Militar, se esforzaba ayer por presentar a los opositores como contrarrevolucionarios. Es decir: como opositores a sí mismos. Estos no son, aseguraba, los jóvenes que hicieron la revolución en Tahrir. Cuando la realidad es que eso es exactamente lo que son: los jóvenes revolucionarios, y solo ellos, esta vez sin aliados circunstanciales (los islamistas conservadores) ni rebeldes de última hora como el propio Ganzuri, quien, tras una vida entera de devoción a Sadat y Mubarak se presenta ahora como un disidente. Y todo porque unos días antes de que cayese el dictador llamó a un programa de televisión y dijo: «Esto no puede seguir así».

Pero si algunos se pasan de oportunistas, dejan pasar las oportunidades, y esto es lo que les ha ocurrido a estos jóvenes de la plaza Tahrir. Confiados en el espejismo de las redes sociales y la complacencia de la prensa internacional, se han olvidado de que el poder se puede perder en la calle, pero solo se puede ganar en el Parlamento. De repente, los jóvenes de la izquierda laica, que no han sabido prepararse para las elecciones, se encuentran marginados en la nueva democracia, donde las fuerzas conservadoras y religiosas son mayoritarias. Incluso la fuerza laica principal no van a ser ellos sino el Bloque Egipcio, una formación heterogénea pero que responde a los intereses de la clase media amante del orden. No era difícil de suponer, pero se sienten engañados.

Esa sensación de engaño de quienes participan en esta segunda oleada de protestas puede ser comprensible, pero tiene mucho de engaño autoinflingido. Es cierto que la represión del Ejército, erigido sin legitimidad alguna en árbitro, es feroz. Pero tampoco hay que olvidar que la debilidad de la izquierda y la atomización de los laicos en un sinfín de siglas es resultado en gran medida de sus propios errores. Y también es el reflejo de la realidad: Egipto es un país tradicional, conservador y religioso. Facebook no es la realidad.