Muere el «querido líder», Kim Jong-Il, y el poder pasa a su hijo menor, Kim Jong-un
20 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Corea del Norte, país que posee armamento nuclear, anunció ayer la muerte del «querido líder», Kim Jong-il, tras 17 años dirigiendo la dictadura más hermética del mundo, y ultima la sucesión que recaerá en su hijo menor, Kim Jong-un, «el comandante brillante». En señal de advertencia, el régimen llevó a cabo el lanzamiento de dos misiles de corto alcance, con un rango de 120 kilómetros, que impactaron en el mar. Corea del Sur decidió poner en estado de alerta a sus Fuerzas Armadas, reforzó la vigilancia en la frontera y pidió a EE.UU. que le preste ayuda con la vigilancia por satélite.
Un infarto de miocardio producido por la «fatiga física y mental» durante un viaje en tren fuera de la capital, Pyongyang, la mañana del sábado, habría sido la causa de la muerte de quien fue calificado como el último estalinista, según la Agencia Central de Noticias de Corea del Norte (KCNA). El cuerpo de Kim descansará junto al de su padre en el Palacio Memorial de Kumsusan, uno de los puntos emblemáticos de Corea del Norte. Las autoridades norcoreanas decretaron un período de luto en todo el país hasta el próximo 29.
El hijo menor del fallecido, Kim Jong-un, se prepara para tomar el mando de un sistema comunista basado, desde su origen en 1948, en la doctrina Juché ideada por su abuelo. Kim Jong-un que, según comunicó ayer la KCNA, goza del apoyo del Ejército y de los ciudadanos para hacerse con el poder, fue promovido desde el 2008, cuando el estado de salud de su padre empeoró notablemente tras sufrir una apoplejía, hecho que despertó entre las élites norcoreanas preocupación por la continuidad del régimen.
Desde entonces, el joven alcanzó el rango de general de cuatro estrellas en el Ejército norcoreano y el cargo de vicepresidente de la Comisión Militar Central del Partido de los Trabajadores, dos hechos que, junto a las apariciones públicas con su padre, le han permitido ganar legitimidad.
La muerte de Kim Jong-Il llega en un momento marcado por la distensión en las relaciones entre ambas Coreas tras la crisis vivida en el 2010, después de que Pyongyang supuestamente atacara el buque Cheonan y disparara artillería sobre la isla de Yeonpyeong, dos acontecimientos que dejaron 50 muertos surcoreanos. Ambos sucesos, de los que Seúl culpa a Pyongyang, llevaron al Gobierno surcoreano a cortar relaciones con Corea del Norte hasta este verano, cuando ambas partes realizaron nuevos acercamientos.
Las Coreas y EE.UU. han mantenido desde entonces varios encuentros para reanudar las conversaciones a seis bandas, proceso orientado a detener las ambiciones nucleares norcoreanas en el que también participan China, Rusia y Japón, y que permanece estancado desde el 2008.
«Tristeza indescriptible»
Los medios de prensa oficiales describían de manera unánime la «tristeza indescriptible» de los norcoreanos tras la muerte de Kim Jong-Il. «Ni siquiera tratan de secar sus lágrimas, se retuercen de dolor y desesperanza ante una pérdida tan enorme», indicaba la agencia KCNA. En las calles de Pyongyang se respiraba calma. Muchos negocios suspendieron su actividad y ciudadanos con retratos del líder se congregaron para llorar su muerte.