La sensación de sumisión a las políticas neoliberales de Merkel, primero, y el peligroso coqueteo con los planteamientos racistas de Le Pen, después, han acabado con la carrera política del hiperactivo Nicolás Sarkozy, y le ha dado a Francia el segundo presidente socialista de la Quinta República, el primero en catorce años.
La victoria de Hollande, aunque no sea lo que ha movilizado a los franceses, abre un nuevo ciclo político en Europa y deja sin coartada a quienes estaban pescando en el revueltísimo río de la economía europea para imponer una agenda ultraliberal como única receta con la que salir de la crisis.
¿Qué harán ahora Rajoy y De Guindos? Pues agarrarse a esta, hasta hace pocas semanas, inesperada bombona de oxígeno, y sumarse a los líderes que desde mañana a primera hora pedirán un cambio de rumbo en la agenda de Merkel, o intentar ocupar el hueco dejado por Sarkozy en el regazo de la canciller a cambio de seguir desbaratando el Estado como lo conocemos.
El problema es que si continúan con la segunda opción tendrán que hacerlo sin coartada.