«Emociona verlos, tan jóvenes, y saber que quedarán inválidos»

Ánxela iglesias ZAATARI / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

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Un hospital del país alauí acoge a decenas de víctimas de los combates

19 ago 2012 . Actualizado a las 07:01 h.

Muy pocos quieren dar su nombre real en el pequeño hospital del norte de Jordania cuya ubicación exacta tampoco debe ser mencionada. Sirios jóvenes, algunos casi niños, pasean por los pasillos con muletas, brazos en cabestrillo y gestos de preocupación ante la presencia de una cámara. «Si enseñas mi cara, estoy muerto», explica uno de ellos, los demás temen más bien por las familias que permanecen en Siria.

Hace pocos días que llegaron del país vecino, heridos y en busca de una asistencia médica que cada vez es más difícil lograr allí. Los hospitales de campaña sirios están al parecer desabastecidos y los médicos también son objeto de los disparos y la persecución, explican los doctores Warid y Anas.

Saben de qué hablan estos dos médicos sirios, que también escaparon de su país en los últimos meses tras repetidas visitas de la inteligencia siria. En el caso del doctor Anas fue caminando y en absoluto silencio, en medio de una de las largas hileras de mujeres, niños y hombres que cruzan cada noche la frontera jordana con la ayuda del rebelde Ejército Libre Sirio (ELS). Los militares jordanos les esperan al otro lado con autobuses para llevarlos a centros de tránsito. Y desde allí son trasladados a Zaatari, un desolado campo de refugiados en pleno desierto del que será muy difícil salir, o a este hospital en el que son atendidos .

«La decisión de amputar»

«Me enfada y me emociona verlos llegar, tan jóvenes, saber que algunos de ellos quedarán inválidos para el resto de su vida, tener que tomar la decisión de amputar... », explica el doctor Warid. E insiste en enseñarnos a un adolescente recién llegado, con la espalda marcada por latigazos y quemaduras de cigarrillo, y el rostro confundido después de soportar durante una semana las torturas en un control militar del Ejército sirio regular.

El doctor Warid insiste en que la mayoría de ellos no hicieron más que manifestarse pacíficamente en contra del régimen de Bachar al Asad, pero temen las consecuencias.

No parece improbable, en todo caso, que entre los heridos haya también combatientes, pero nadie les pregunta al llegar cuáles eran sus actividades en Siria, dice Nour, representante de la Sociedad de Asistencia Médica Jordana que financia el hospital con algunos fondos extranjeros.

Envío de medicamentos

Desde junio han llegado a este centro médico más de 150 heridos, procedentes en su mayoría de la ciudad de Deraa, en el sur de Siria, y sus inmediaciones. No son ni un 10 % de los que necesitan ayuda, subraya el doctor Warid, quien, como la mayoría de los sirios refugiados en Jordania, sigue al minuto lo que pasa en su país por medio de redes sociales y teléfonos móviles.

Él y su compañero de profesión Anas emplean además los teléfonos móviles para estar en contacto con otros colegas y saber qué es lo que necesitan. Y aseguran que cuando pueden preparan paquetes con medicinas e instrumental médico que pasan también a través de la cercana frontera, sobornando a militares. Ambos, junto a otros médicos, ya están montando una organización llamada Asistencia Médica para Siria Unida. Insisten en que ese será el futuro de su país, el de la unidad y la convivencia entre todos, una vez que el presidente Al Asad abandone el poder. No quieren creer que las heridas que el conflicto ha dejado en su sociedad van a necesitar más que muletas.

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