Esta batalla acaba de empezar ahora

Leoncio González LA CARRERA A LA CASA BLANCA

INTERNACIONAL

05 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Errores de mensaje en la convención que lo proclamó candidato y una cadena de desaciertos posteriores colocaron sobre Romney el equivalente de toneladas de plomo y esparcieron la idea de que la carrera a la Casa Blanca ya estaba ganada por su actual huésped, antes incluso de que empezase a disputarse. Este es el mito que acaba de escurrirse por el desagüe, con la consistencia de una pompa de jabón.

Lo ocurrido en el primero de los debates entre los aspirantes a tomar el relevo de George Washington cambia de forma notable el decorado de la campaña que libran, al equilibrar las fuerzas entre ambos. Para los amantes de los números, la victoria ante las cámaras permitirá a Romney recortar un punto, como mínimo, la ventaja de entre tres y cuatro que en promedio todavía le otorgan las encuestas a Obama. Pero lo que es más importante desde el punto de vista político: abre una dinámica nueva que ofrece margen de mejora al exgobernador.

Le permite taponar los boquetes por los que manaba su credibilidad personal después de varios deslices de calado y sirve de acicate para movilizarse a la familia republicana, que ya empezaba a ver en él al hombre equivocado. En paralelo, siembra el desánimo entre los demócratas y crea dudas sobre la capacidad del presidente para acometer un segundo mandato con proyectos nuevos.

Aquí han vuelto a dar una sorpresa las expectativas desmesuradas. La misma lógica que llevó a sus simpatizantes a esperar infundadamente de Obama milagros hace cuatro años hizo creer ahora a un público más amplio que Romney era un candidato sin pólvora, mucho más vulnerable de lo que en realidad es. El único desenlace que cabía esperar de ese prejuicio extendido era que Obama le diese la puntilla final.

El que no lo haya conseguido es, desde luego, un revés serio para él aunque tampoco significa, como han querido hacer ver algunos republicanos, que el presidente se encamina hacia una derrota segura dentro de un mes. Simplemente anuncia una batalla mucho más igualada que la que se había pronosticado. Romney ha probado ser un candidato con capacidad de sobreponerse a sus errores, por abultados que sean o parezcan. Obama tendrá que esforzarse más si pretende merecer un segundo mandato.