Su agresivo ataque a Ryan en el debate de los vicepresidentes levanta el ánimo de los demócratas, pese a terminar sin un ganador claro
13 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.El vicepresidente Joe Biden hizo en el debate de la noche del miércoles todo lo que Barack Obama no había hecho en el de la semana anterior contra Mitt Romney. Fue agresivo, contundente, defendió con ardor la política del presidente y atacó sin piedad a los republicanos. Su contrincante también dio la talla. Paul Ryan se defendió de forma impecable y no se dejó acorralar. Cada una de las dos encuestas que se hicieron tras el encuentro consideraba vencedor a uno de ellos.
Pero ganara quién ganara, Biden consiguió su propósito: levantar el ánimo de los votantes demócratas. Un ánimo que estaba muy decaído tras la mala actuación de Obama la semana pasada y su descenso en las encuestas. «Joe estuvo excelente. No podría estar más orgulloso de él», dijo Obama al finalizar el debate. También Romney llamó a Ryan para felicitarle.
El debate de los vicepresidentes fue mucho más entretenido y más instructivo que el de los candidatos a presidente. Biden y Ryan hablaron de política internacional, de la reforma sanitaria, de economía, de impuestos y del aborto. Quizá fue en este último asunto en el único en el que Ryan estuvo menos suelto. A la pregunta de la moderadora de qué opinaban sobre el aborto, aseguró que no podía entender «como una persona puede separar su vida pública de su fe» y explicó que si Romney llega a la presidencia prohibirá el aborto excepto en casos de violación, incesto y cuando la vida de la madre esté en peligro. El demócrata, que como su oponente republicano es católico, contestó que él en su vida privada sigue la doctrina de la Iglesia, pero que se negaba a «imponérsela a otros».
Una sonrisa polémica
Biden estuvo casi permanentemente sonriendo con desaprobación hacia Ryan a quien interrumpía constantemente y profería exclamaciones como «¡sorprendente!» e «¡increíble!». Su sonrisa burlona fue duramente criticada ayer por los republicanos y algunos analistas consideraban que podría frenar a los electores indecisos. Y es que el demócrata, según The Washington Post, realizó «un ataque a la yugular» del republicano. Incluso le recordó la frase de Romney sobre el 47 % de los estadounidenses que dependen de ayudas. Aunque Ryan estuvo muy rápido en su respuesta y recordó, en medio de las risas del público, sus frecuentes meteduras de pata: «Creo que el vicepresidente sabe muy bien que a veces las palabras que se dicen no son las correctas». A lo que un Biden, igualmente rápido, dijo: «Pero yo siempre digo lo que quiero decir. Y Romney también».
El enfrentamiento más duro entre ambos fue por la política exterior, concretamente por Irán. Ryan insistió en que lo que describió como debilidad en el liderazgo de EE.UU. había dado ventaja a Irán para la futura producción de armas nucleares. Biden le interrumpió con una palabra de origen irlandés, malarkey, que podría traducirse por «paparruchas» y que rápidamente se convirtió en una de las más repetidas en Twitter.
Los analistas creen que este debate no tendrá un gran peso en las elecciones pero sí les ha dado a los demócratas un respiro, al menos hasta el debate del martes entre Obama y Romney.