Michelle Obama y Ann Romney ilustran los dos mundos opuestos de EE.UU.
06 nov 2012 . Actualizado a las 22:35 h.Las dos tienen cosas en común: han pasado por la universidad, tienen hijos, son guapas y con estilo, están casadas con candidatos a la presidencia, quieren vivir en la Casa Blanca, han tenido un papel muy activo en las campañas de sus maridos y son más populares que ellos. A pesar de los rasgos que las igualan, son aún más las que las diferencian. Cada una ejemplifica los dos mundos distintos y muchas veces enfrentados que componen la sociedad americana: el blanco y el negro.
Michelle es negra. La primera negra que llega a la Casa Blanca porque su marido es mulato y, aunque viva como afroamericano, la que es negra de pura cepa y descendiente de esclavos es ella. Pertenece a una familia de clase trabajadora de Chicago, estudió en Princeton, donde escribió una tesis sobre cómo trataba la universidad a los estudiantes negros, y se licenció en Derecho en Harvard. De su «aterrizaje» en la elitista Princeton diría después: «Cuando llegué allí me sorprendió ver que había estudiantes con BMW. Yo ni siquiera conocía a padres que tuvieran BMW».
Para poder estudiar tuvo que pedir créditos. Cuando acabó la universidad trabajó en un despacho de abogados y después para el ayuntamiento de Chicago como gestora de la red de hospitales públicos, un puesto en el que recibía un salario mayor que el que ganaba su marido, entonces ya senador.
Madre de dos hijas que se define precisamente así, como la «madre en jefe de Malia y Sasha», tiene fama de tener carácter. Ya es mítica su frase cuando Obama estaba a punto de hacer el discurso de la convención demócrata de 2006 que lo lanzó a la arena política nacional: «Ahora no la fastidies», aunque las malas lenguas dicen que empleó una palabra que suena peor que «fastidies».
Ese carácter no ha impedido que se haya convertido en una de las primeras damas más populares. Para lograrlo ha debido rebajar sus alusiones a su raza y la forma en la que EE.UU. trata a los negros.
Ann, la mujer de Romney, es lo opuesto a Michelle. Nació en una familia acomodada de Míchigan, conoció a su marido cuando ambos estaban en primaria y decidieron casarse cuando acabaron la secundaria. El matrimonio se celebró hace 53 años, cuando ella tenía 19 y él 23, después de que Ann hubiera cambiado su religión episcopal por la mormona. Después de casarse se trasladaron a la Universidad y, aunque ella ha contado que vivían en un sótano y comían latas de atún, los medios rescataron una vieja entrevista en la que ella explicaba que su suegro, George Romney, vendió un paquete de acciones para pagar la universidad del joven matrimonio.
Aunque obtuvo una licenciatura en francés, nunca trabajó fuera de casa ya que decidió dedicarse a criar a los cinco hijos que tuvo la pareja. Tampoco parece probable que haya trabajado mucho en casa porque su marido es millonario pero cuando una estratega demócrata dijo, para descalificarla, que la mujer de Romney «no había trabajado en su vida» se produjo un revuelo nacional con Michelle Obama a la cabeza, en defensa de las mujeres que deciden no trabajar fuera.
De ella se dice que es de «acero» y realmente debe serlo porque a pesar de sus millones no ha tenido una vida fácil. En 1998 le fue diagnosticada esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa que es incurable, y en 2007, un cáncer de mama del que se ha recuperado. Su pasión son los caballos. Y hace a la perfección el papel de norteamericana tradicional, incluso les lleva galletas, hechas por ella misma, a los periodistas que siguen la campaña de su marido.