Elecciones EE.UU. 2012: El té tiene las horas contadas

Leoncio González REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

Una activista republicana escucha a Romney en Boston.
Una activista republicana escucha a Romney en Boston. E. Dunand < / span>Afp< / span>

Los republicanos están obligados a buscar la moderación y el centro si quieren seguir representando a la mayoría

08 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Quién lo iba a decir? Uno de los grandes servicios que puede proporcionar la segunda victoria de Barack Obama a su país es señalar al Partido Republicano el camino que no puede seguir transitando si quiere volver a la Casa Blanca.

La orgía de radicalismo a la que se entregó seducido por los activistas del Partido del Te, y que obligó a un candidato en principio moderado como Mitt Romney a situarse en los extremos si quería tener opciones de pelear por la presidencia, ha demostrado ser suicida. Aferrarse a ella, como si fuera ajena a la reelección del demócrata, es un error.

Según los primeros datos, Barack Obama perdió del orden de diez millones de votantes que confiaron en él hace cuatro años. La cifra deja un espacio amplio para construir una alternativa viable, pero los conservadores no solo no lograron atraer a los desertores hacia su causa. Tampoco consiguieron enrolar a unos dos millones y medio de electores que respaldaron a John McCain hace cuatro años, en condiciones notablemente más adversas que las de ayer ya que el balance de George Bush convertía la alternancia en una necesidad de interés nacional.

Hay unanimidad en señalar que los asesores de Romney se equivocaron al no actuar para frenar a tiempo la durísima campaña demócrata que lo presentaba como una encarnación real del especulador de ficción, Gordon Gekko, un embajador del mundo del dinero sin otro propósito que defender los privilegios del 1 %. Pero otro motivo que explica la incapacidad para crecer del antiguo obispo mormón es la imagen de flip-flopper o veleta que se le obligó a dar, exigiéndole primero demostrar su maximalismo y empujándolo después hacia el centro.

Aun teniendo en cuenta esta incongruencia, las encuestas no engañan. El contrincante de Obama empezó a despegar a partir del primer debate televisado, cuando dio una imagen de mesura y realismo en sus planteamientos. Eso demuestra que era la fórmula de la que querían oír hablar los electores. Es la evidencia de que la recuperación del centro es la única forma de volver a conectar con grupos sociales como las mujeres y colectivos emergentes como los hispanos, sin los cuales ya no es posible formar mayorías y a los que los conservadores excluyeron con un discurso demasiado intemperante.

La tarea no debería ser difícil a partir de ahora porque Obama ya no volverá a presentarse dentro de cuatro años y ya no existe la misma necesidad de desgastarlo que hasta ahora. Pero tampoco hay que descartar que encuentre más resistencia de la debida. Un gran número de los republicanos con acta en el Capitolio están imbuidos de una cultura opuesta al compromiso y ven como una capitulación cualquier acuerdo que no suponga la aceptación de sus presupuestos de partida. La tentación de utilizar la mayoría en la Cámara de Representantes que les han dado las urnas para bloquear por sistema las iniciativas del presidente con la finalidad exclusiva de hacerle la vida imposible está ahí.

Sin embargo, ya no pueden alegar ignorancia. La reelección de Obama prueba que es una estrategia perdedora.