¿Hacia la derecha, al centro o una reforma radical?

victoria toro NUEVA YORK / CORRESPONSAL

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Romney, tras reconocer su derrota electoral.
Romney, tras reconocer su derrota electoral. M. SEGAR REUTERS< / span>

Tres tendencias pelean dentro del Partido Republicano por imponerle su rumbo después de la derrota de Romney

02 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Ha pasado casi un mes desde la derrota de Mitt Romney en las elecciones y en ese tiempo una cosa ha quedado clara, la mayoría del Partido Republicano está convencida de que esta organización debe cambiar si quiere tener opciones en el 2016. El problema es que lo que piensa esa mayoría no es uniforme. No todos ven una misma dirección para esa transformación. Podría decirse que hay tres posturas que, además, son incompatibles.

Sí hay algo en lo que todos están de acuerdo, la idea de alejarse lo más rápidamente posible de Romney, el perdedor. Lo definía a la perfección The Washington Post hace unos días al traducir las palabras de Terry Brandstad, gobernador de Iowa, cuando dijo: «Tenemos que centrarnos en el futuro. Gracias por el servicio. Ahora, esfúmate».

Una de las opciones que plantean parte de los republicanos que el partido defienda posiciones de extrema derecha. Una especie de ideología Tea Party más extendida. Bob Vander Plaats, un influyente dirigente, lo planteó tras las elecciones: «Los moderados tuvieron sus candidatos en el 2008 y en el 2012 y los dos fueron derrotados. Ahora nos dicen que tenemos que ser más moderados. ¿Creen que así vamos a ganar?». La posición de Vander es la de parte de las bases, incluidos los seguidores del Tea Party que, aunque sufrió cierto descalabro en las elecciones, mantiene todavía mucho poder.

Las primeras voces que se oyeron tras la derrota pedían, sin embargo, lo contrario. El exsecretario de Comercio de Bush, Carlos Gutiérrez, presentaba hace quince días un súperPAC republicano para apoyar la reforma migratoria. Era muy claro: «Tenemos un partido noble pero necesita una reforma porque ha sido tomado por extremistas. EE.UU. no es un país extremista».

La cuestión de la reforma migratoria es, precisamente, la clave del camino que quieren seguir los que defienden la opción moderada. Todos ellos opinan que la única forma de volver a ganar pasa por acercarse a los grupos sociales que le dieron a Barack Obama su segunda presidencia: hispanos, afroamericanos y asiáticos. O lo que es lo mismo, aceptar que EE.UU. es un país diverso con una demografía cambiante que está llevando a la pérdida de peso electoral de los votantes republicanos tradicionales, los varones blancos y las mujeres casadas.

El gobernador de Luisiana, Bobby Jindal, que es una de las figuras en ascenso, lo ha definido de forma gráfica: «Si deseamos que nos quieran tenemos que quererlos a ellos antes».

Por último hay otra opción, la que defiende que lo que se necesita no es un giro ideológico sino una transformación en la forma en la que llega a los electores. El principal defensor de esta tercera vía es el estratega Carl Rove, director de uno de los superPACs que más dinero recaudaron para Romney. «Hay que dejar de sonar críticos y crueles», decía al analizar cuál debe ser el futuro de su partido. A su juicio, solo hay que «hacerlo mejor, mucho mejor con los hispanos, las mujeres, los jóvenes y la clase media». En los próximos meses se verá cuál de las tres opciones es la que triunfa.