10 dic 2012 . Actualizado a las 07:01 h.
La jornada del día después para Mario Monti transcurrió tranquilamente en su ciudad, Milán. Como un domingo cualquiera, acudió a misa acompañado por su mujer Elsa y por su hija. Después tomó un café con un cruasán en un local del centro y dio un pequeño paseo. Muchos ciudadanos le mostraron su apoyo: «¡Resista, presidente!» fue la frase más repetida. No muy lejos de allí, en otra calle todo eran idas y venidas. En la casa de Silvio Berlusconi se reunía la plana mayor del partido para establecer la estrategia electoral.
El ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, expresó su deseo de que la campaña para las próximas elecciones generales en Italia no caiga en la «eurofobia».