Si en Italia se hubiese instaurado ya la democracia directa, como propone el Movimiento Cinco Estrellas, su líder, el cómico Beppe Grillo, ya habría ganado las elecciones. El viernes, su cierre de campaña en Roma fue el más multitudinario. Así ha sido durante las últimas semanas: sillas vacías en los mítines de los partidos tradicionales y lleno en los de Grillo. ¿Se encamina Italia por la senda de la antipolítica, cómo auguran muchos?
La pregunta es si existe realmente la antipolítica, y si, de existir, sirve la definición para Italia. Grillo aparece envuelto en la retórica reciente del blog, pero reocupa un espacio que ha existido siempre en su país. La protesta generalizada contra el poder puede que sea un descubrimiento en el resto de Europa, pero no en Italia, donde ya en 1985 se presentaban a las elecciones, por el Partido Radical, una actriz porno (Cicciolina) y un cantante ligero (Domenico Modugno). Aquel partido de Marco Pannella era ya un proponente de la desprofesionalización de la política, y el gobierno por referendo.
Había razones históricas para que Italia se desencantase de la democracia antes que nadie, porque la suya nunca ha funcionado como tal. La negativa a permitir al Partido Comunista Italiano entrar en el Gobierno, por causa de los equilibrios de la guerra fría, obligó durante décadas a la parálisis crónica y la crisis política. Peor aún que el bipartidismo, el «penta-partidismo», con sus cambalaches, no hizo sino engordar una corrupción inimaginable que estalló en la catarsis de «Tangentopolis». La antipolítica, cabría decir, es lo que Italia ha tenido por sistema siempre.
Lo único novedoso de Grillo es que ha llevado ese nicho de votos al 15 %. Está claro que en un contexto de crisis económica existe mercado para una fuerza que promete otra catarsis, la moralización de la clase política que iba a venir después de «Tangentopolis» pero que acabó en Berlusconi. Es este moralismo lo que caracteriza al movimiento de Beppe Grillo, y no el populismo, que hoy en día es una rutina.
El moralismo tiene, sin embargo, un problema: no es una ideología sino un arrebato, y lo consume todo. Nadie está a la altura de ese listón, incluido Grillo, que ha tenido que hacer una campaña tan defensiva como ofensiva. Le han recordado, entre otras cosas, que hasta hace poco conducía un Ferrari; que sus abogados persiguen a quienes se descargan sus espectáculos gratis de la red. Peor aún, se ha sabido que se acogió a una de las autoamnistías fiscales de Berlusconi.
Berlusconi, siempre Berlusconi. Grillo comparte con él más que una amnistía fiscal. Los dos son millonarios y los dos han salido del mundo del espectáculo (Il Cavaliere comenzó cantando en cruceros), por eso son conscientes del poder del chiste y la provocación; de que son las emociones, no las ideas, las que mueven el mundo, y que de todas ellas la más poderosa es la ira. No es la antipolítica sino la política sin freno. ¿Hasta dónde llegará? Como todas las emociones, la ira se consume rápido. Ilona Staller, Cicciolina, se presenta también a estas elecciones por un partido que se llama DNA. Nadie habla ya de ella. Puesto que por lo visto es imposible cambiar el sistema, es necesario cambiar constantemente a quien promete hacerlo.
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