¿Hábil estratega, dictador inexperto o una marioneta en manos de los halcones? Nadie sabe a ciencia cierta hasta donde está dispuesto a llegar Kim Jong-un. Analistas surcoreanos ven en su actitud un pragmatismo calculado y al igual que su padre, Kim Jong-il, tensa la cuerda a golpe de amenaza para conseguir concesiones. Pero esta vez, Washington y Seúl no parecen dispuestos a ceder.
Pese a todo EE.UU. quiere rebajar decibelios a las amenazas y minimizar la posibilidad de un error de cálculo. Entre los motivos no solo está evitar una guerra si no también frenar el daño que la crisis está causando a la cuarta economía de Asia.
Las amenazas de Pyongyang están provocando la caída de los mercados financieros de Corea del Sur. «Los norcoreanos están usando la propaganda en una forma extrema para tratar de dañar la inversión extranjera directa en Corea del Sur», afirma Tom Coyner, miembro de la Cámara Americana de Comercio en Corea a The New York Times. «En cierto sentido, en este punto, están ganando la guerra psicológica, atacando la económica surcoreana», añade.