El exministro intentó evadir a Suiza 15 millones de euros sin conseguirlo
08 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Crisis económica primero, crisis política luego y crisis moral ahora. Los últimos días marcan el hundimiento del presidente François Hollande en las simas del descrédito tras perder la carta de la ejemplaridad, la última baza que le quedaba en la manga del socialismo moralizante. La acumulación de escándalos por evasión fiscal y fuga de capitales vicia de sospechas generalizadas de corrupción el irrespirable aire de la política francesa. A la que se unió ayer un mal dato para su economía: el ministro de Finanzas, Pierre Moscovici, redujo las previsiones de crecimiento, que serán del 0,1 % este año y del 1,2 % en el 2014.
Hollande ha descartado un reajuste ministerial, pero el 60 % de los franceses son favorables a una crisis de Gobierno, según una encuesta publicada ayer por el diario Le Journal du Dimanche. El 70 % de sus compatriotas consideran que el escándalo de corrupción ha tenido un impacto negativo en la clase política en general, cifra que cae al 62 % en el caso concreto del primer ministro, Jean-Marc Ayrault, y al 55 % en el de Hollande.
La televisión pública suiza (RTS) reveló ayer que el exministro de Presupuesto Jérôme Cahuzac intentó evadir a Suiza 15 millones de euros en el 2009, pero el establecimiento de gestión financiera se habría negado por temor a complicaciones futuras por ser una personalidad política. «Esta tesis no es creíble desde el punto de vista del sentido común», dijo el abogado del exministro, Jean Veil, interrogado por la agencia AFP.
El exministro, inculpado por blanqueo de dinero y fraude fiscal, reconoció hace unos días que tuvo una cuenta en Suiza, luego trasladada a Singapur, de 600.000 euros, tras negarlo durante meses, desencadenando una tormenta política que salpica a Hollande, que había prometido un Gobierno ejemplar.
La confesión pública de las mentiras de Cahuzac a las máximas autoridades del Estado, a la Asamblea Nacional y a la opinión pública y la revelación de que el tesorero de la campaña que llevó a Hollande al Elíseo es accionista de empresas domiciliadas en las islas Caimán, otro paraíso fiscal, ha puesto al presidente contra las cuerdas.
Su margen de maniobra se ha visto reducido al mínimo y la capacidad de respuesta aparece limitada cuando la acuciante situación exige medidas más drásticas que una simple remodelación del Gobierno en el que los titulares de Economía, Justicia e Interior también se ven afectados por la desconfianza ambiental con un primer ministro carente de autoridad.
Propuesta de referendo
El secretario general del Partido Socialista, Harlem Désir, y el ala izquierda de la coalición gobernante preconizaron la convocatoria de un referendo sobre la moralización de la vida pública.
El problema es que en Francia los electores no suelen responder a la pregunta planteada sino que se pronuncian sobre quién la formula, como le ocurrió al propio Charles de Gaulle en 1969. El riesgo de un no al presidente es mucho mayor en el caso de Hollande, cuya cota de confianza se ha desplomado hasta el récord negativo del 27 %, diez puntos menos que su predecesor Nicolas Sarkozy, a los once meses de mandato. La otra solución constitucional, la disolución de las cámaras, condena a la izquierda a una debacle en medio del auge de los populistas y antisistema.