El pasado abril fue el mes más mortífero en Irak desde junio del 2008 con un balance de más de 712 muertos y 1.633 heridos, según los datos facilitados ayer por la misión de la ONU en Bagdad, la Unami.
De los fallecidos, 595 eran civiles y 117, miembros de las fuerzas del orden. En cuanto a los heridos hay 1.438 civiles y 195 miembros de la policía o el Ejército. La provincia con más víctimas fue Bagdad, con 211 muertos y 486 heridos, seguida de Diyala (este), Salahedín (centro), Kirkuk (norte), Nínive (norte) y Al Anbar (oeste).
A lo largo de este trágico mes, Irak ha sufrido cadenas de atentados y ataques armados, sobre todo en los días previos a la celebración de elecciones provinciales del día 20.
Tres días después de esa fecha la oleada de violencia se agudizó, dejando más de 240 muertos, según fuentes médicas y de seguridad. Los disturbios comenzaron con el asalto del Ejército a manifestantes suníes que protestaban contra el primer ministro, el chií Nuri al Maliki, y que fue seguido de ataques en represalia contra las fuerzas de seguridad iraquíes.
La confrontación entre suníes y chiíes hace temer otro conflicto interconfesional como el de 2006-2007. El enfrentamiento ha despertado en algunos iraquíes el deseo de la creación de una región autónoma suní, según declaró el exministro Rafai al Esawi.