Es cierto que el acuerdo ruso-norteamericano sobre armas químicas en Siria será difícil de llevar a la práctica en medio del caos de la guerra, y más difícil aún será ajustarse a los plazos que se han marcado de apenas doce meses (Estados Unidos y Rusia llevan más de quince años destruyendo sus propios arsenales químicos). También es verdad que el acuerdo, en principio, no pone fin al conflicto. Pero estas objeciones que se escuchaban ayer, sobre todo por parte de quienes, en el fondo, deseaban una intervención militar, pecan de superficiales. Es no entender cuáles son las verdaderas prioridades de la comunidad internacional y cuál es la realidad de la guerra en Siria.
A Washington le hubiese gustado derrocar al régimen de Al Asad, pero esto era ya prácticamente imposible. Esa es la realidad de la guerra en Siria: que los rebeldes la estaban perdiendo ya antes del ataque químico en Damasco y que lo único que hubiese podido cambiar eso quizá (un quizá muy hipotético) habría sido la intervención norteamericana. Pero, a cambio de ese ciento volando, a Washington se le ha ofrecido el pájaro en mano de ver destruido el arsenal químico de Al Asad, y a eso no podía decir que no. De este modo elimina una amenaza potencial (muy improbable, pero amenaza al fin y al cabo) a su aliado Israel. Sobre todo desaparece el riesgo de que esas armas caigan en manos de los yihadistas de la oposición (algo que puede que ya haya sucedido). El calendario es lo de menos. Lo que importa es el compromiso de que Al Asad destruirá su arsenal, que no lo usará en lo que queda de guerra, y que esto está garantizado por Rusia. Esas son las prioridades de la comunidad internacional.
En cuando al conflicto en sí, el acuerdo ruso-norteamericano sí puede afectarle. Para Washington ya no tiene tanto sentido seguir obstaculizando la conferencia de paz Ginebra II que propone Moscú. Si lo hacía hasta ahora era porque supondría certificar la victoria del Gobierno sirio. Pero ahora Al Asad es el garante de un acuerdo importante y Obama puede decidir que no merece la pena seguir alimentando una revuelta armada que no puede triunfar, y que no está seguro de que sea mejor que triunfe. Se verá en los próximos días. Si Kerry anuncia su disposición a ir a la cumbre, podemos dar por concluida la guerra civil siria.