El triunfalismo de Damasco

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

26 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Las mesas de las conferencias de paz, con su forma de U y la disposición cuidadosamente simétrica de los participantes, están pensadas para producir una ilusión óptica: la de que ambos bandos negocian en igualdad de condiciones. Raramente es así. De hecho, cuando las dos partes en un conflicto están igualadas el acuerdo es imposible, lo mismo que cuando una gana abrumadoramente. La conferencia de Ginebra II, que reúne a las facciones enfrentadas en la guerra civil siria, refleja esta realidad: el régimen de Bachar al Asad ha logrado desequilibrar la situación a su favor y se encuentra en una posición de fuerza. Pero esto no garantiza que todo vaya a salir como quiere Damasco en una partida en la que hay otros participantes más poderosos en la sombra.

El rechazo inicial de la delegación del régimen a aceptar el acuerdo de 2012, conocido como Ginebra I, en el que Washington y Moscú preveían un «gobierno de transición» para la Siria de la posguerra, revela cuánto han cambiado las cosas en este año y medio. En estos meses, el régimen se ha apuntado algunos éxitos militares importantes. Sobre todo, y en un giro que muestra lo injusto que puede llegar a ser el juego político, al Assad logró convertir el verano pasado en una victoria diplomática lo que podía haber sido su fin: el uso de armas químicas contra la población civil. Si a ello sumamos la guerra interna que ha estallado entre las filas de los rebeldes y la decisión de los países occidentales de echarse atrás en su decisión de facilitarles más armamento, se entiende el triunfalismo, casi fanfarronería, con los que la delegación gubernamental siria ha tomado el camino de Suiza.

Pero ese triunfalismo bien podría ser prematuro. Aunque los rebeldes estén enfrentados entre sí y en retirada, lo cierto es que el ejército sirio carece de la capacidad táctica para derrotarlos completamente. Incluso para mantener la situación actual requeriría de la ayuda constante de Irán, y sobre todo de Rusia. La prioridad de estos dos últimos no es la supervivencia del régimen intacto sino una Siria estable, y tanto Moscú como Teherán son conscientes de que ello supondrá concesiones de algún tipo al menos a una parte de la oposición. La calma con la que Estados Unidos asiste a la conferencia hace pensar que, en este punto, los tres países se encuentran en sintonía.

Si fuese así, el régimen sirio no tendría más remedio que plegarse a las exigencias de sus aliados. En ese caso, ese «gobierno de transición» del que hablaba el comunicado de Ginebra I seguirá sobre la mesa.