Impacto «poco duradero»

La Voz

INTERNACIONAL

27 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

La elección de su país como sede del Mundial fue recibida por los brasileños con algarabía. Pero a medida que pasaba el tiempo, lo que prometía ser una oportunidad para avanzar en un desarrollo equitativo, se fue diluyendo junto con el presupuesto destinado a mejorar o construir estadios. El torneo le costará a las arcas públicas 10.000 millones de euros y ya se percibe que será poco lo que va a quedar como patrimonio para mejorar la vida de los brasileños.

En las últimas semanas, la agencia de calificación Moddy?s indicó que la Copa tendrá un impacto «poco duradero», a excepción de los sectores turístico y de alimentación. De los 600.000 extranjeros que se calculaba que iban a llegar, la perspectiva se ha reducido a la mitad. Habrá, eso sí, un importante movimiento interno de brasileños a pesar de que el coste de las entradas es prácticamente inaccesible para ellos.

Según los datos facilitados por la FIFA, de los 2,7 millones de boletos ya colocados el 58% es para brasileños y el resto para extranjeros. Las tarifas establecidas dejan muy claro que solo los brasileños muy pudientes podrán entrar en los estadios. Dos ejemplos; el precio de la entrada para el partido inaugural en Sao Paulo oscila entre los 160 y los 360 euros, mientras que para ver la final, que se jugará en Maracaná, habrá que desembolsar un mínimo de 320 euros, que es la localidad más barata. La más cara se vende por 715, el doble que el salario medio del país.

De ahí que la inmensa mayoría de los brasileños tendrá que ver los partidos en su casa, en la calle o en las playas a través de pantallas gigantes. Y para cuando termine el campeonato, los servicios de salud, educación, seguridad o transporte seguirán siendo tan deficitarios como antes.