
Las atrocidades publicadas han servido para aterrorizar al mundo, pero también para gestar su fama de crueldad y, por tanto, su poder.
24 ago 2014 . Actualizado a las 11:58 h.El periodista americano moría degollado esta misma semana frente a una cámara. El vídeo fue inmediatamente borrado, el conflicto humanizado y se abrió el debate sobre la ostentación de la muerte. La puesta en escena de la ejecución no fue más que otro trágico desvarío de una exitosa estrategia mediática que ha permitido a EI exponer su brutalidad, expandir el temor, objetivo número uno de un grupo terrorista. Los analistas regionales coinciden en destacar que su victoria propagandística ha influido en la desmoralización del Ejército iraquí que protagonizó una sonora estampida el pasado mes de junio dando vía libre a la entrada de los extremistas yihadistas desde Siria a Irak. Graban y difunden la muerte con medios profesionales, un guion elaborado y planos estudiados.
En un vídeo editado, James Foley, vestido con un mono naranja como el utilizado por los presos de Guantánamo, aparece arrodillado junto a su verdugo. Un hombre enmascarado, de origen británico, que tras la decapitación amenaza en inglés con asesinar a más cautivos si Estados Unidos mantiene los bombardeos aéreos en Irak contra las posiciones de este grupo radical. Van en serio. Otro objetivo cumplido: el chantaje público.
Expansión exponencial
Los compañeros del gremio y los familiares de James pidieron inmediatamente que no se difundiera el vídeo de su muerte y que se le recordara por su trabajo. El mundo reaccionó. El CEO de Twitter, Dick Costolo, anunció la desactivación de todas las cuentas que compartieron el vídeo y You Tube detuvo su propagación cancelando las imágenes. La información de la brutalidad sobre EI, por un día, bajo de intensidad y aumentaron las campañas de musulmanes contra EI -#MuslimsAgainstISIS- y la concienciación y condena de los usuarios -#ApagónmediosdeISIS- (ISIS responde a las siglas en inglés del Estado Islámico de Iraq y Levante, como se denominaba el grupo antes de autoproclamarse Estado Islámico a secas). Su expansión en los últimos dos meses ha sido exponencial, y con ella, no solo han dado visibilidad a su brutalidad sino también a su draconiano ideario, arrastrando un preocupando número de adeptos desde todas las partes del mundo. «Mi nacionalidad es EI», aparecía en las cuentas personales de quienes se muestran favorables a esta organización que pretende expandir, bajo una desvirtuada interpretación del Islam, un califato desde Oriente a Occidente, eliminando a todos aquellos que piensan diferente, incluidos musulmanes. Sus simpatizantes, la mayoría procedentes de Arabia Saudí, Kuwait y los países del golfo, han contribuido a la propaganda. Hasta 40.000 tuits llegaban a ser lanzados en un día, durante los combates que mantenían en Irak. Un estudio de Commons Lab de Washington mostraba recientemente que todos los grupos terroristas, incluido Al Qaeda, tienen presencia en línea. YouTube, Twitter, Facebook e Instagram son las plataformas más utilizadas por las organizaciones radicales para sus estrategias medimediáticas. Según su autor, Gabriel Weimann, permite a las organizaciones ser parte del mainstream (la moda) y atacar públicos objetivos como, por ejemplo, los jóvenes. Vulnerables y potenciales seguidores de quienes reclutan desde una manipulada ideología. El Estado Islámico, por tanto, se ha servido de estos nuevos canales en sus técnicas propagandísticas, pero con mayor éxito que sus antecesores.
o matan o ayudan
En el flujo de su información han mostrado un hábil conocimiento del comportamiento de los usuarios. Desde su entrada en Irak han utilizado las tendencias de Twitter para narrar sus hazañas, desde #Iraq_es_liberado hasta el #ViernesdeapoyoaISIS. Es decir, muestran sus victorias como atractivo para unos seguidores ávidos de héroes. Y no solo han contado sus terroríficas acciones mediante películas de acción montadas cinematográficamente, sino que también han mostrado la cara solidaria de los miembros de la formación. Imágenes de yihadistas alimentando gatos o de las nuevas oficinas de servicios básicos, que EI está ofreciendo a las empobrecidas poblaciones de los pueblos que conquista, se intercalan con las decapitaciones. A quien no matan, ayudan.
¿ALIADO O AMENAZA?
Las redes sociales han vehiculado desde la Primavera Árabe la efervescencia ciudadana de la región contra sus regímenes represivos. Los mismos canales que han dado voz y han unido las iniciativas de una ciudadanía hasta entonces silenciada, permiten ahora la congregación de los peores intencionados. Y en todas las lenguas, lo que ha promovido su impacto global y, por tanto, su extensión internacional.James Foley fue secuestrado en 2012 en Siria, cuando cubría el conflicto con la única intención de recoger esas voces, «las del pueblo sirio». Su trabajo, el que sus familiares pedían recordar, muestra también el sufrimiento y la muerte; pero difundir las imágenes de una cruel realidad vista por Foley no resulta ser lo mismo que divulgar las de EI. La primera, denuncia el contenido. La del grupo terrorista, publicita al autor.
Por
Corresponsal en Amán